¿Cuáles son los tratamientos para el prurito vulvar?
El prurito vulvar, es decir, la picazón en la zona externa de los genitales femeninos, es un síntoma frecuente que puede tener múltiples causas, desde infecciones (como la candidiasis vulvovaginal, vaginosis bacteriana o infecciones por tricomonas), alteraciones dermatológicas (dermatitis de contacto, liquen escleroso, psoriasis), desequilibrios hormonales (especialmente durante la menopausia, con atrofia vulvovaginal), hasta factores irritativos o alérgicos (jabones perfumados, detergentes, ropa ajustada o de fibras sintéticas). El tratamiento debe ser siempre dirigido a la causa subyacente y nunca empírico.
En primer lugar, se recomienda una evaluación clínica completa: anamnesis detallada (duración, intensidad, factores desencadenantes o aliviadores, hábitos higiénicos y uso de productos locales), exploración física cuidadosa y, según corresponda, pruebas complementarias como citología vaginal, cultivo, test rápido para pH vaginal, microscopía directa (técnica de «gota salina» o «hidróxido de potasio») o biopsia en casos sospechosos de enfermedades crónicas o displásicas.
Para infecciones fúngicas recurrentes, el tratamiento incluye antifúngicos tópicos (clotrimazol, miconazol o terconazol) durante 7–14 días, o dosis única oral de fluconazol (150 mg), seguida de terapia supresora si es necesario. En vaginosis bacteriana, se emplean metronidazol tópico o vía oral, o clindamicina tópica. Las infecciones por Trichomonas vaginalis requieren metronidazol o tinidazol sistémico, con tratamiento simultáneo de la pareja.
En mujeres posmenopáusicas con atrofia vulvovaginal, la terapia hormonal local (estrógenos tópicos en crema, óvulos o anillo vaginal) es eficaz y segura bajo supervisión médica. Alternativas no hormonales incluyen lubricantes y humectantes vaginales a base de ácido hialurónico o dexpantenol, así como tratamientos con láser de CO2 fraccionado o radiofrecuencia, siempre en centros especializados y con evidencia creciente pero aún en estudio.
En dermatopatías inflamatorias crónicas —como el liquen escleroso—, el tratamiento de primera línea son los corticoides tópicos potentes (ej. clobetasol 0,05 %), aplicados diariamente durante varias semanas y luego escalonados a mantenimiento. Es fundamental el seguimiento periódico por ginecólogo o dermatólogo, dado el riesgo aumentado de carcinoma escamoso asociado.
Además del tratamiento específico, se deben implementar medidas generales: evitar irritantes locales (productos perfumados, geles íntimos agresivos, toallas húmedas), usar ropa interior de algodón transpirable, mantener la zona seca y limpia sin exceso de lavado, y abstenerse de rascarse para prevenir lesiones secundarias e infecciones superpuestas. Si el prurito persiste más de 4 semanas tras tratamiento adecuado, se debe reevaluar con enfoque multidisciplinar (ginecología, dermatología, alergología).