¿Cuáles son los métodos de tratamiento interno para el melasma?
El melasma es una afección cutánea caracterizada por manchas pigmentadas marrón claro a marrón oscuro, generalmente simétricas y localizadas en zonas fotoexpuestas como el rostro (frente, mejillas, labio superior y mentón). Aunque su fisiopatología no está completamente esclarecida, se sabe que involucra una hiperactividad melanocítica inducida por factores hormonales (como estrógenos y progesterona), exposición solar, genética y estrés oxidativo. El tratamiento «interior» o sistémico —es decir, aquel que actúa desde el organismo— debe ser siempre complementario al manejo tópico y fotoprotector, y nunca sustituirlo.
Entre las estrategias sistémicas con evidencia científica moderada se incluyen suplementos antioxidantes: la polipodium leucotomos (un extracto de helecho centroamericano) ha demostrado reducir la respuesta pigmentaria tras la exposición UV en estudios clínicos controlados; también se han observado beneficios con combinaciones de vitamina C, vitamina E y ácido fólico, que ayudan a mitigar el estrés oxidativo responsable de la activación melanocítica. En algunos casos seleccionados —particularmente cuando existe una correlación temporal clara entre el inicio del melasma y el uso de anticonceptivos orales o terapia hormonal sustitutiva— puede considerarse la suspensión o cambio del régimen hormonal bajo supervisión ginecológica, aunque esta decisión requiere evaluación individualizada del riesgo-beneficio.
No existen medicamentos sistémicos aprobados específicamente para el melasma por las agencias reguladoras (como la FDA o la EMA), y tratamientos como los inhibidores de la tirosinasa oral, los antiinflamatorios sistémicos o los quelantes de cobre carecen de respaldo clínico riguroso y no se recomiendan fuera de ensayos controlados. Asimismo, deben evitarse prácticas no validadas, como dietas restrictivas extremas, suplementos sin estandarización ni control de calidad o terapias herbales no reguladas, debido a su potencial riesgo de interacciones farmacológicas o efectos adversos hepáticos.
En resumen, el abordaje sistémico del melasma debe ser integral, personalizado y supervisado por un dermatólogo. La fotoprotección diaria rigurosa (con protector solar de amplio espectro, FPS ≥ 50, reaplicado cada 2 horas en exposición prolongada) sigue siendo la piedra angular del tratamiento, junto con terapias tópicas comprobadas (como hidroquinona al 4 %, ácido tranexámico tópico, retinoides o combinaciones fijas). Cualquier intervención sistémica debe integrarse en un plan terapéutico global, con seguimiento periódico para evaluar eficacia y seguridad.