¿Qué significa que las heces sean líquidas todos los días?
La diarrea crónica —definida como evacuaciones intestinales líquidas o semilíquidas que persisten durante más de cuatro semanas— puede tener múltiples causas subyacentes, y su evaluación requiere un enfoque sistemático. Entre las causas más frecuentes se incluyen trastornos funcionales como el síndrome del intestino irritable (SII), especialmente el subtipo con predominio de diarrea (SII-D); enfermedades inflamatorias intestinales (EII), como la colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn; infecciones persistentes o posinfecciosas; intolerancias alimentarias, como la deficiencia de lactasa o la sensibilidad al gluten no celíaca; y alteraciones en la microbiota intestinal, como la sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO). También deben considerarse causas menos comunes pero importantes, como tumores neuroendocrinos (p. ej., carcinoides), linfoma intestinal, hipertiroidismo, diabetes mellitus con neuropatía autonómica, o efectos secundarios de medicamentos (antibióticos, inhibidores de la bomba de protones, metformina, laxantes osmóticos, entre otros).
Es fundamental realizar una historia clínica detallada: duración exacta de los síntomas, características de las heces (volumen, frecuencia, presencia de sangre, moco, grasa visible o urgencia), factores desencadenantes (alimentos, estrés), pérdida de peso involuntaria, fiebre, dolor abdominal asociado y antecedentes personales o familiares de enfermedades digestivas o autoinmunes. El examen físico debe incluir valoración de signos de deshidratación, pérdida de masa muscular, linfadenopatías, lesiones cutáneas sugestivas (p. ej., eritema nudoso) y auscultación abdominal.
Las pruebas diagnósticas iniciales suelen incluir análisis de sangre (hemograma, bioquímica hepática y renal, proteína C reactiva, velocidad de sedimentación globular, ferritina, vitamina B12, ácido fólico, anticuerpos anti-transglutaminasa y anti-endomisio si se sospecha celiaquía), coprocultivo, estudio parasitológico de heces (incluyendo Giardia lamblia y Cryptosporidium), prueba de calprotectina fecal (para detectar inflamación intestinal) y, en casos seleccionados, prueba de hidrógeno espirado para lactosa o fructosa. La colonoscopia con biopsias es indispensable si hay sospecha de EII, neoplasia o cuando los síntomas son refractarios o atípicos.
No se recomienda automedicarse ni prolongar el uso de antidiarreicos sin diagnóstico previo, ya que podrían enmascarar patologías graves. El manejo depende estrictamente de la causa identificada: desde ajustes dietéticos (dieta baja en FODMAPs en SII, eliminación de lactosa o gluten) hasta tratamientos farmacológicos específicos (mesalamina en EII, rifaximina en SIBO, loperamida en casos sintomáticos controlados) o intervención quirúrgica en situaciones avanzadas. Se aconseja consultar de forma temprana con un gastroenterólogo para una evaluación integral y personalizada.