¿Qué significa encontrar ganglios linfáticos en ambas axilas en un estudio quirúrgico?
La expresión «se observan ganglios linfáticos en ambas axilas» (o «ganglios linfáticos bilaterales axilares») indica, en un informe de imagen diagnóstica —como ecografía, resonancia magnética o tomografía computarizada—, que se han identificado estructuras linfoides aumentadas de tamaño o con características morfológicas anómalas en la región axilar derecha e izquierda.
Es importante destacar que la presencia de ganglios linfáticos en las axilas es fisiológica y habitual: todas las personas tienen ganglios linfáticos axilares como parte del sistema linfático, encargado de drenar linfa desde el brazo, la pared torácica lateral y la mama. Lo relevante no es su mera existencia, sino sus características: tamaño (normalmente < 1 cm de diámetro corto), forma (ovalada, con hilio graso bien definido), contornos regulares y patrón de realce homogéneo tras contraste. Un ganglio considerado sospechoso puede presentar aumento del diámetro corto (> 1 cm), pérdida del hilio graso, forma redondeada, bordes irregulares, realce heterogéneo o necrosis central.
Las causas más frecuentes de ganglios linfáticos axilares bilaterales incluyen procesos reactivos benignos —como infecciones virales (ej. mononucleosis, VIH), bacterianas locales o sistémicas, o respuestas a vacunas recientes (especialmente la vacuna contra el COVID-19, que puede inducir linfadenopatía axilar transitoria hasta por 6 semanas)—, así como enfermedades autoinmunes (lupus eritematoso sistémico, artritis reumatoide) o linfoproliferativas (linfomas). En mujeres, también debe valorarse cuidadosamente la relación con patología mamaria, aunque la bilateralidad reduce la probabilidad de una causa maligna localizada (como cáncer de mama), ya que este suele afectar primero la axila ipsilateral.
No se recomienda tomar decisiones clínicas basadas únicamente en este hallazgo. Es fundamental correlacionarlo con la historia clínica (síntomas sistémicos, fiebre, sudoración nocturna, pérdida de peso, antecedentes oncológicos o infecciosos), exploración física (consistencia, movilidad, dolor, signos de inflamación cutánea) y estudios complementarios. En muchos casos, se indica seguimiento ecográfico seriado; si persisten o progresan, puede requerirse biopsia guiada por imagen o estudio histopatológico para diagnóstico definitivo.