¿Cómo se trata el dolor neuropático?
El tratamiento del dolor neuropático requiere un enfoque integral y personalizado, ya que su origen radica en una lesión o disfunción del sistema nervioso periférico o central. No responde adecuadamente a los analgésicos convencionales como el paracetamol o los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), por lo que se recurre a fármacos con acción moduladora sobre la transmisión nociceptiva.
La primera línea terapéutica incluye anticonvulsivantes como la gabapentina y la pregabalina, que reducen la hiperexcitabilidad neuronal al unirse a las subunidades α2-δ de los canales de calcio voltaje-dependientes. También se emplean antidepresivos tricíclicos (como la amitriptilina) y antidepresivos de inhibición selectiva de la recaptación de serotonina y noradrenalina (ISRSN), como la duloxetina y la venlafaxina, que potencian la neurotransmisión inhibitoria descendente en las vías espinales.
En casos refractarios o con contraindicaciones a los tratamientos orales, se pueden considerar opciones adicionales: parches tópicos de lidocaína al 5 % para zonas localizadas, capsaicina al 8 % en formulación de alta concentración (aplicada bajo supervisión médica), o intervenciones intervencionistas como bloqueos nerviosos, estimulación de la médula espinal o neuroestimulación periférica. La rehabilitación multidisciplinar —con fisioterapia, psicoterapia cognitivo-conductual y manejo del estrés— es fundamental para mejorar la funcionalidad y la calidad de vida.
Es esencial realizar una evaluación diagnóstica rigurosa previa (incluyendo historia clínica detallada, examen neurológico y, si corresponde, estudios complementarios como electromiografía o resonancia magnética) para identificar la causa subyacente (ej. diabetes, herpes zóster, traumatismo nervioso, esclerosis múltiple), ya que su abordaje específico puede modificar el curso del dolor. El tratamiento debe ajustarse progresivamente según la respuesta y la tolerabilidad, siempre bajo supervisión médica especializada en dolor o neurología.