¿Cuál es el tratamiento para la infección fúngica del cuero cabelludo?
El tratamiento de las infecciones fúngicas del cuero cabelludo, conocidas médicamente como tinea capitis, requiere un enfoque sistemático y supervisado por un dermatólogo o médico especialista. Estas infecciones son causadas principalmente por dermatofitos —como Trichophyton tonsurans, Microsporum canis o Trichophyton violaceum— y no responden a antibióticos, ya que afectan la queratina del cabello y la piel, no las bacterias.
El tratamiento sistémico es imprescindible, dado que los antifúngicos tópicos no logran penetrar adecuadamente el folículo piloso ni eliminar el hongo del interior del tallo capilar. Los fármacos de primera línea incluyen griseofulvina (especialmente en niños), terbinafina, itraconazol y fluconazol. La elección del agente depende de la edad del paciente, el agente etiológico sospechado, la gravedad clínica y posibles interacciones farmacológicas. Por ejemplo, la terbinafina presenta mayor eficacia frente a Trichophyton, mientras que el itraconazol es más activo contra cepas de Microsporum.
Además del tratamiento sistémico, se recomienda complementarlo con champús antifúngicos que contengan ketoconazol al 2 % o selenio sulfuro al 1 %, aplicados 2–3 veces por semana durante al menos 4 semanas. Esto reduce la carga fúngica en la superficie y disminuye el riesgo de contagio a otras personas o re-infección. Es fundamental evitar compartir peines, cepillos, gorros o toallas, y desinfectar adecuadamente los objetos personales.
La duración del tratamiento varía entre 4 y 12 semanas, según la respuesta clínica y los resultados microbiológicos. Se debe realizar seguimiento clínico y, en algunos casos, cultivo micológico o examen con luz de Wood para confirmar la erradicación completa del hongo. Una interrupción prematura incrementa significativamente el riesgo de recurrencia o resistencia.
En casos complicados —como queriones (abscesos inflamatorios) o formas profundas— puede requerirse corticoterapia sistémica breve junto con antifúngicos, bajo estricta vigilancia médica. Siempre se debe descartar factores predisponentes, como inmunosupresión, diabetes mellitus mal controlada o higiene deficiente, para optimizar el pronóstico.