¿Cómo se realiza una cirugía de lifting facial?
La cirugía de lifting facial, también conocida como ritidectomía, es un procedimiento quirúrgico diseñado para corregir los signos del envejecimiento en la cara y el cuello, como la flacidez cutánea, las arrugas profundas, la pérdida de definición de la mandíbula y la acumulación de tejido adiposo submental. Su realización requiere una evaluación exhaustiva previa, que incluye historia clínica detallada, exploración física (con especial atención a la calidad y elasticidad de la piel, el volumen facial, la estructura ósea y el estado del tejido muscular), así como la valoración de factores de riesgo cardiovascular, respiratorio y hematológico.
El procedimiento se lleva a cabo bajo anestesia general o sedación profunda con analgesia regional, según el plan quirúrgico y las características del paciente. Las incisiones se diseñan de forma personalizada: habitualmente comienzan en la región temporal, siguen por la zona preauricular, rodean el lóbulo auricular y se extienden hacia la región retroauricular y el cuero cabelludo. Esto permite acceder al plano subcutáneo y, en muchos casos, al plano superficial del músculo platisma (SMAS), donde se realiza la tensión y fijación adecuada del tejido. En pacientes con ptosis cervical significativa, puede asociarse una cervicoplastia con disección y plicatura del platisma.
Es fundamental respetar las estructuras anatómicas críticas: el nervio facial (particularmente su rama temporal y marginal mandibular), las arterias temporales superficiales y las venas retromandibulares, así como los territorios linfáticos drenantes. La técnica debe priorizar la restauración armónica del contorno facial, evitando resultados artificiales o excesivamente tirantes. Tras la corrección, se cierran las incisiones con suturas intradérmicas reabsorbibles y se aplica un vendaje compresivo suave durante las primeras 48–72 horas.
La recuperación implica reposo relativo durante la primera semana, elevación de la cabeza al dormir, control estricto de la presión arterial y evitación de esfuerzos físicos intensos durante al menos tres semanas. Los edemas y equimosis suelen remitir entre 10 y 14 días, aunque la maduración completa de las cicatrices y la estabilización del resultado final pueden requerir hasta seis meses. El seguimiento postoperatorio es esencial para detectar precozmente complicaciones como hematoma, infección, alteraciones sensitivas transitorias o asimetrías, y garantizar una evolución óptima.