¿Cómo se trata el dolor de garganta causado por una inflamación?
El dolor de garganta (faringodinia) es un síntoma frecuente que puede originarse por causas infecciosas —como infecciones virales (por ejemplo, resfriado común o mononucleosis) o bacterianas (como la faringoamigdalitis estreptocócica)— o por factores no infecciosos, como irritación por sequedad ambiental, alergias, reflujo gastroesofágico o exposición a humo o contaminantes.
El manejo inicial debe centrarse en el alivio sintomático: mantener una buena hidratación con líquidos tibios (como infusiones sin cafeína o caldos), realizar gárgaras con agua salina tibia (una cucharadita de sal disuelta en 240 mL de agua), usar humidificadores ambientales para evitar la sequedad de las mucosas y evitar irritantes como el tabaco o el aire acondicionado excesivamente seco. Los analgésicos de venta libre, como el paracetamol o el ibuprofeno, son eficaces para reducir el dolor e inflamación, siempre que no existan contraindicaciones médicas.
Es fundamental identificar señales de alarma que requieren evaluación médica inmediata: fiebre persistente mayor de 38,5 °C, dificultad para tragar o respirar, aparición de exudado amarillento o blanco en las amígdalas, linfadenopatía cervical marcada, erupción cutánea, o síntomas que empeoran tras 3–5 días. En estos casos, se debe descartar una infección bacteriana —especialmente por Streptococcus pyogenes— mediante una prueba rápida de antígeno o cultivo faríngeo; si se confirma, el tratamiento con antibióticos (como penicilina V o amoxicilina) es indicado para prevenir complicaciones como la fiebre reumática o la glomerulonefritis postestreptocócica.
No se recomienda el uso empírico de antibióticos sin diagnóstico confirmado, ya que la mayoría de los cuadros de dolor de garganta son virales y autolimitados, y su uso innecesario contribuye al desarrollo de resistencia antimicrobiana. Si los síntomas persisten más de 10 días, reaparecen tras mejoría o se asocian a pérdida de peso inexplicable, se debe investigar causas menos comunes, como infecciones crónicas, alteraciones inmunológicas o patología neoplásica.