¿Qué medicamentos existen para tratar la hipercolesterolemia y cómo elegir entre el bempedoato de sevelamer y las estatinas?
El manejo farmacológico de la hipercolesterolemia es una pieza clave en la prevención secundaria y primaria de las enfermedades cardiovasculares. Entre los fármacos disponibles, destacan dos grupos te
El manejo farmacológico de la hipercolesterolemia es una pieza clave en la prevención secundaria y primaria de las enfermedades cardiovasculares. Entre los fármacos disponibles, destacan dos grupos terapéuticos con mecanismos de acción complementarios: las estatinas y el bempedoato de etil (conocido comercialmente en España como Sesame®, cuya denominación internacional no protegida es bempedoic acid).
Las estatinas —como atorvastatina, rosuvastatina o simvastatina— siguen siendo el pilar del tratamiento hipolipemiante. Actúan inhibiendo la HMG-CoA reductasa, la enzima limitante del paso en la síntesis hepática del colesterol. Su eficacia está sólidamente demostrada para reducir el colesterol LDL («colesterol malo»), disminuir eventos cardiovasculares mayores y mejorar la supervivencia a largo plazo.
Por su parte, el bempedoato de etil es un inhibidor selectivo de la ATP-citrato liasa, una enzima upstream de la HMG-CoA reductasa en la vía de síntesis del colesterol. Al actuar en una etapa anterior y de forma más específica en el hígado, presenta un perfil de seguridad distinto: no se metaboliza en músculo, lo que reduce significativamente el riesgo de miopatías —una de las principales limitaciones de las estatinas—. Está indicado especialmente en pacientes con intolerancia a estatinas, en combinación con ezetimiba, o como terapia adicional cuando no se alcanzan las metas lipídicas con estatinas solas.
La elección entre ambos no es excluyente, sino estratégica: las estatinas siguen siendo la primera línea en la mayoría de los pacientes sin contraindicaciones. El bempedoato de etil no sustituye a las estatinas, sino que amplía las opciones terapéuticas en casos complejos —por ejemplo, en personas con antecedentes de mialgias estatínicas, función renal comprometida o polifarmacia elevada—. Su uso debe basarse siempre en una evaluación individualizada del riesgo cardiovascular, los objetivos lipídicos según guías (ESC/EAS, AHA/ACC) y la tolerabilidad previa a otros fármacos.
Es fundamental recordar que ningún medicamento sustituye las medidas no farmacológicas: dieta mediterránea, actividad física regular, control del tabaquismo y manejo del peso. La terapia farmacológica debe integrarse en un abordaje integral, supervisado por cardiología o medicina interna, con seguimiento periódico de los niveles de colesterol LDL, enzimas hepáticas y creatina quinasa según corresponda.