¿Qué aceite vegetal es mejor para adulterar el aceite de sésamo: el de girasol o el de colza?
La elección entre aceite de girasol y aceite de colza para la elaboración de aceite esencial de sésamo “adulterado” —es decir, mezclado con aceites vegetales más económicos— no constituye una práctica
La elección entre aceite de girasol y aceite de colza para la elaboración de aceite esencial de sésamo “adulterado” —es decir, mezclado con aceites vegetales más económicos— no constituye una práctica aceptable desde el punto de vista nutricional ni regulatorio. En la Unión Europea, así como en muchos países de América Latina, la denominación «aceite de sésamo» está reservada exclusivamente al producto obtenido únicamente por prensado mecánico o extracción con disolventes de las semillas de Sesamum indicum, sin adición de otros aceites vegetales.
El uso de aceite de girasol o de colza para diluir o “enganchar” aceite de sésamo no solo viola las normativas de etiquetado y pureza (como el Reglamento (UE) n.º 1308/2013 o las disposiciones de la Codex Alimentarius), sino que también altera significativamente su perfil nutricional: el aceite de sésamo natural destaca por su contenido en lignanos (como la sesamina y la sesamolina), tocoferoles y fitoesteroles con propiedades antioxidantes y potencial efecto protector cardiovascular. Estos compuestos se diluyen drásticamente en mezclas, reduciendo su eficacia biológica comprobada.
Desde la perspectiva de la seguridad alimentaria, ambas opciones —girasol o colza— presentan riesgos similares: la adulteración dificulta la trazabilidad, puede ocultar contaminantes no detectados en los aceites base y genera confusión en consumidores con alergias (por ejemplo, a proteínas residuales de colza). Además, los métodos analíticos como la espectrometría de masas acoplada a cromatografía gaseosa (GC-MS) o la determinación del perfil de ácidos grasos permiten identificar con alta precisión estas adulteraciones, lo que ha llevado a múltiples sanciones en controles oficiales.
Los profesionales de la salud y los nutricionistas recomiendan encarecidamente optar por aceites de sésamo certificados como 100 % puros, preferiblemente extraídos en frío y con sellos de garantía de calidad reconocidos (como el sello DOP en productos europeos o certificaciones ISO 22000). La autenticidad no es un mero atributo comercial: es un requisito indispensable para asegurar los beneficios fisiológicos asociados al consumo responsable de este aceite ancestral.