¿Qué hacer ante las fiebres recurrentes en la varicela?
La varicela, una infección viral altamente contagiosa causada por el virus varicela-zóster (VZV), suele cursar con fiebre leve a moderada durante los primeros días del cuadro. Sin embargo, cuando la f
La varicela, una infección viral altamente contagiosa causada por el virus varicela-zóster (VZV), suele cursar con fiebre leve a moderada durante los primeros días del cuadro. Sin embargo, cuando la fiebre reaparece o persiste más allá de los tres a cuatro días —especialmente si supera los 38,5 °C, se acompaña de escalofríos intensos, letargo, vómitos, rigidez de nuca, dificultad respiratoria o erupción cutánea que se torna purulenta o sangrante—, debe considerarse como una señal de alarma.
Esta fiebre recurrente o prolongada no forma parte del curso típico de la varicela y puede indicar complicaciones secundarias, como sobreinfecciones bacterianas de las lesiones cutáneas (por ejemplo, celulitis o fascitis necrotizante), neumonía varicelosa, encefalitis, miocarditis o síndrome de shock tóxico. Estas complicaciones son más frecuentes en lactantes, adultos, personas inmunodeprimidas y embarazadas, aunque también pueden ocurrir en niños sanos.
Ante la reaparición de la fiebre, es fundamental evitar la automedicación con antipiréticos no supervisados y acudir de inmediato a valoración médica. El diagnóstico se basa en la historia clínica, examen físico detallado y, según sospecha, estudios complementarios: cultivos de lesiones cutáneas, hemograma, PCR para VZV, radiografía de tórax o neuroimagen. El tratamiento dependerá de la causa subyacente: antivirales sistémicos como aciclovir intravenoso en casos graves o inmunocomprometidos; antibióticos dirigidos si hay evidencia de infección bacteriana; y soporte sintomático adecuado.
La prevención sigue siendo clave: la vacunación con la vacuna contra la varicela —recomendada en dos dosis según el calendario nacional de vacunación— reduce significativamente la incidencia y gravedad de la enfermedad. Además, mantener una higiene meticulosa de las lesiones, evitar el rascado y usar antihistamínicos orales bajo prescripción ayuda a prevenir complicaciones cutáneas.