¿Qué hacer ante la distensión abdominal superior en mujeres?
La distensión abdominal superior es un síntoma frecuente en la práctica clínica, especialmente entre las mujeres. Se caracteriza por una sensación de hinchazón, presión o tensión localizada por encima
La distensión abdominal superior es un síntoma frecuente en la práctica clínica, especialmente entre las mujeres. Se caracteriza por una sensación de hinchazón, presión o tensión localizada por encima del ombligo —en la región epigástrica—, que puede acompañarse de eructos, sensación de saciedad precoz, náuseas leves o incluso dolor sordo y difuso. A diferencia de la distensión generalizada del abdomen bajo, este cuadro suele relacionarse con alteraciones funcionales o patológicas del tracto gastrointestinal alto: estómago, duodeno, vías biliares y páncreas.
Entre las causas más comunes se incluyen el síndrome de intestino irritable (SII), particularmente en su subtipo con predominio de distensión; la dispepsia funcional, muy prevalente en mujeres jóvenes y asociada a estrés psicológico, ritmos alimentarios irregulares o consumo excesivo de cafeína o productos gaseosos; y la intolerancia a ciertos carbohidratos fermentables (FODMAPs), como la fructosa o la lactosa, cuya malabsorción genera producción excesiva de gases en el duodeno y yeyuno proximal. También deben descartarse condiciones orgánicas como la gastritis crónica, la infección por Helicobacter pylori, la colecistopatía biliar funcional o la pancreatitis crónica leve.
El abordaje diagnóstico requiere una anamnesis detallada: duración e intensidad del síntoma, relación con la ingesta, patrón menstrual (dado que la distensión epigástrica puede empeorar premenstrualmente por efectos de la progesterona sobre la motilidad gástrica), uso de medicamentos —como antiinflamatorios no esteroideos o anticolinérgicos— y antecedentes familiares de enfermedad celíaca o autoinmune. En casos persistentes o con alarma —pérdida de peso involuntaria, vómitos recurrentes, disfagia o heces oscuras— se recomienda endoscopia digestiva alta y pruebas complementarias como ecografía abdominal o test de aliento para H. pylori.
Desde el punto de vista terapéutico, las medidas no farmacológicas son fundamentales: fraccionamiento de las comidas (5–6 ingestas diarias pequeñas), evitación de alimentos altos en FODMAPs, reducción del estrés mediante técnicas de regulación autonómica y ejercicio físico moderado regular. En algunos casos, se indica tratamiento empírico con inhibidores de la bomba de protones durante 4–8 semanas o proquinéticos de acción central como la domperidona, siempre bajo supervisión médica. No se recomienda el uso indiscriminado de carminativos o suplementos probióticos sin orientación especializada, ya que su eficacia varía según el perfil microbiano individual y el mecanismo fisiopatológico subyacente.