¿Qué hacer ante un absceso alveolar? Guía completa sobre su diagnóstico y tratamiento
El absceso alveolar es una infección bacteriana aguda que se origina en el hueso alveolar —el tejido óseo que sostiene las raíces dentales— y suele ser consecuencia de una caries profunda no tratada,
El absceso alveolar es una infección bacteriana aguda que se origina en el hueso alveolar —el tejido óseo que sostiene las raíces dentales— y suele ser consecuencia de una caries profunda no tratada, una fractura dental complicada o una periodontitis avanzada. A diferencia del absceso periapical (que se localiza en la punta de la raíz) o del absceso periodontal (que afecta al ligamento periodontal), el absceso alveolar implica una diseminación supurativa directa al hueso, lo que puede provocar osteítis localizada e incluso riesgo de osteomielitis si no se interviene a tiempo.
Los síntomas característicos incluyen dolor espontáneo, pulsátil y exacerbado por la masticación o la percusión dental; tumefacción gingival o facial unilateral; movilidad dentaria en el área afectada; fiebre leve o moderada; y linfadenopatía submandibular ipsilateral. En casos avanzados, puede observarse fístula gingival con drenaje purulento, pérdida ósea detectable en radiografía panorámica o tomografía computarizada dental, y elevación de marcadores inflamatorios como la proteína C reactiva y el recuento leucocitario.
El tratamiento debe ser integral y escalonado: primero, se realiza una drenaje quirúrgico urgente —ya sea mediante incisión y drenaje gingival o, en casos severos, trepanación ósea— para aliviar la presión intraseptal y eliminar el pus. Seguidamente, se indica antibióterapia sistémica dirigida, habitualmente amoxicilina-clavulanato durante 5 a 7 días, reservando clindamicina únicamente en pacientes alérgicos a betalactámicos. Es fundamental complementar esta terapia con el tratamiento etiológico definitivo: extracción del diente necrótico o tratamiento de conducto radicular si la pieza es salvable, junto con desbridamiento quirúrgico del foco óseo infectado y, en ocasiones, curetaje óseo o resección de sequestros.
La prevención depende del diagnóstico temprano de las patologías odontológicas subyacentes. Se recomienda revisiones odontológicas semestrales, radiografías periódicas según indicación clínica y educación en higiene oral para evitar la progresión de caries y enfermedad periodontal. Un absceso alveolar mal manejado puede derivar en complicaciones graves como celulitis facial extensa, trombosis del seno cavernoso o sepsis, por lo que su abordaje requiere siempre la intervención inmediata de un odontólogo o cirujano maxilofacial.