¿Qué pruebas debe realizarse una persona de mediana o avanzada edad con fibrilación auricular?
La fibrilación auricular (FA) es la arritmia cardíaca sostenida más frecuente en personas mayores de 65 años y su prevalencia aumenta significativamente con la edad. Cuando se diagnostica en adultos d
La fibrilación auricular (FA) es la arritmia cardíaca sostenida más frecuente en personas mayores de 65 años y su prevalencia aumenta significativamente con la edad. Cuando se diagnostica en adultos de mediana edad o mayores, no debe considerarse un hallazgo aislado ni asumirse como una alteración benigna: constituye un marcador clínico importante que exige una evaluación integral para identificar causas subyacentes, factores desencadenantes y comorbilidades asociadas.
El primer paso diagnóstico obligado es la confirmación electrocardiográfica mediante un electrocardiograma (ECG) de 12 derivaciones. En casos intermitentes, se recomienda el monitoreo ambulatorio prolongado —como holter de 7 a 14 días o dispositivos implantables— para capturar episodios asintomáticos o paroxísticos. Una vez confirmada la FA, se debe realizar una historia clínica detallada y exploración física centrada en signos de cardiopatía estructural, disfunción ventricular izquierda, insuficiencia cardíaca, hipertensión arterial mal controlada o enfermedad valvular.
Las pruebas complementarias fundamentales incluyen ecocardiografía transtorácica (ETT), que permite valorar la función sistólica y diastólica del ventrículo izquierdo, el tamaño auricular izquierdo, la presencia de miocardiopatías, trombos auriculares o alteraciones valvulares —especialmente estenosis mitral reumática o prótesis valvulares mecánicas—. También se deben solicitar análisis de laboratorio: hemograma completo (para descartar anemia o infección), perfil tiroideo (TSH, T3 y T4 libre, dado que la hipertiroidismo es causa reversible frecuente), función renal (creatinina y filtrado glomerular estimado), electrolitos séricos (potasio y magnesio) y marcadores de daño miocárdico si hay sospecha de isquemia aguda.
Adicionalmente, se recomienda la evaluación del riesgo tromboembólico mediante escalas validadas como CHA₂DS₂-VASc y del riesgo hemorrágico con HAS-BLED, ambas indispensables para decidir la anticoagulación oral. En pacientes con síntomas sugestivos de apnea del sueño —ronquidos intensos, pausas respiratorias nocturnas o somnolencia diurna excesiva—, debe considerarse una polisomnografía, ya que este trastorno es un factor modificable y frecuentemente subdiagnosticado asociado a recurrencia y resistencia al tratamiento de la FA.
En resumen, el diagnóstico de fibrilación auricular en población de mediana edad y mayor no es un punto final, sino el inicio de una evaluación sistemática multidimensional. Su manejo óptimo depende de identificar y tratar las causas reversibles, optimizar el control de comorbilidades cardiovasculares y personalizar la estrategia terapéutica —anticoagulación, control de la frecuencia o ritmo, y abordaje de factores de riesgo modificables— con base en evidencia científica sólida.