¿Por qué se enrojecen los ojos? Causas comunes de la congestión conjuntival
El enrojecimiento del blanco del ojo —es decir, de la esclerótica— es un signo clínico frecuente que puede obedecer a múltiples causas, desde alteraciones leves y autolimitadas hasta condiciones médic
El enrojecimiento del blanco del ojo —es decir, de la esclerótica— es un signo clínico frecuente que puede obedecer a múltiples causas, desde alteraciones leves y autolimitadas hasta condiciones médicas más serias que requieren evaluación oftalmológica inmediata.
La causa más común es la congestión conjuntival, generalmente secundaria a irritación mecánica (como el uso prolongado de lentes de contacto, exposición al viento o al humo), fatiga visual, sequedad ocular o alergias estacionales. En estos casos, los vasos sanguíneos superficiales de la conjuntiva se dilatan de forma reversible, produciendo una apariencia de «venillas rojas» difusas y no dolorosas, sin afectación de la visión ni secreción purulenta.
Otras causas importantes incluyen la conjuntivitis infecciosa —bacteriana o vírica—, caracterizada por enrojecimiento asociado a secreción (acuosa en el caso viral, espesa y amarillenta en el bacteriano), picazón o sensación de cuerpo extraño. También debe considerarse la episcleritis, una inflamación leve de la capa vascular situada entre la esclerótica y la conjuntiva, que suele ser unilateral, localizada y acompañada de molestia leve, pero sin pérdida visual ni hipopion.
Enrojecimiento intenso, unilateral, persistente y asociado a dolor ocular profundo, fotofobia, visión borrosa o disminución de la agudeza visual constituye una señal de alarma. Estos síntomas pueden indicar patologías graves como la uveítis anterior, el glaucoma agudo de ángulo cerrado o una escleritis —esta última con posible compromiso estructural del globo ocular y riesgo de perforación si no se trata oportunamente.
Es fundamental no automedicarse con vasoconstrictores tópicos de uso frecuente (como la tetrahidrozolina), ya que su uso prolongado puede provocar rebote inflamatorio y enrojecimiento crónico. Todo paciente con enrojecimiento ocular persistente más allá de 48–72 horas, especialmente si se acompaña de dolor, alteración visual o sensibilidad a la luz, debe ser valorado por un oftalmólogo para descartar patologías subyacentes y establecer un diagnóstico preciso y tratamiento adecuado.