¿Cuáles son los métodos anticonceptivos de emergencia tras las relaciones sexuales?
Las medidas anticonceptivas de emergencia, también conocidas como «anticoncepción postcoital», son estrategias destinadas a prevenir un embarazo no deseado tras una relación sexual sin protección o tr
Las medidas anticonceptivas de emergencia, también conocidas como «anticoncepción postcoital», son estrategias destinadas a prevenir un embarazo no deseado tras una relación sexual sin protección o tras un fallo del método anticonceptivo habitual (por ejemplo, rotura del condón, olvido de pastillas orales o expulsión de un DIU). Su eficacia depende críticamente del tiempo transcurrido desde la relación: cuanto antes se administren, mayor será su capacidad para evitar la fecundación o la implantación del óvulo.
En la práctica clínica actual, existen tres opciones farmacológicas validadas y una opción dispositivo. La primera es el acetato de ulipristal, un modulador selectivo del receptor de progesterona que retrasa la ovulación incluso si ya ha comenzado el pico de LH; debe administrarse dentro de las 120 horas (5 días) posteriores al coito, aunque su efectividad disminuye progresivamente tras las primeras 72 horas.
La segunda opción es el levonorgestrel, un progestágeno sintético que actúa principalmente inhibiendo o retrasando la ovulación. Se recomienda su uso dentro de las 72 horas siguientes al acto sexual, siendo más eficaz cuanto antes se ingiera. No interfiere con la implantación ni provoca abortos en embarazos ya establecidos.
La tercera alternativa es la administración de anticonceptivos orales combinados en dosis alta —conocida como «método Yuzpe»—, aunque su uso ha quedado prácticamente relegado por su menor eficacia y mayor incidencia de efectos adversos gastrointestinales frente a los fármacos específicos.
Por último, la inserción de un dispositivo intrauterino de cobre (DIU) dentro de los 5 días posteriores al coito constituye el método más eficaz de anticoncepción de emergencia, con una tasa de fallo inferior al 0,1 %. Además, ofrece protección anticonceptiva continua durante hasta 10 años, siempre que se mantenga en su lugar y no haya contraindicaciones.
Es fundamental destacar que ninguno de estos métodos protege contra las infecciones de transmisión sexual (ITS), ni sustituye a una planificación anticonceptiva regular. Su indicación debe acompañarse siempre de asesoramiento integral sobre opciones anticonceptivas de largo plazo, evaluación de riesgos de ITS y seguimiento ginecológico adecuado.