Síntomas y tratamientos de la vaginitis aguda
La vaginitis aguda es una inflamación del epitelio vaginal que se caracteriza por un inicio súbito y síntomas intensos. Entre las causas más frecuentes se encuentran infecciones por Candida albicans,
La vaginitis aguda es una inflamación del epitelio vaginal que se caracteriza por un inicio súbito y síntomas intensos. Entre las causas más frecuentes se encuentran infecciones por Candida albicans, Trichomonas vaginalis y el desequilibrio bacteriano asociado a la vaginosis bacteriana. Cada etiología presenta un perfil clínico distinto, lo que exige un diagnóstico diferencial riguroso.
Los síntomas típicos incluyen prurito vulvovaginal intenso, secreción vaginal anormal —que puede ser espesa y blanquecina en la candidiasis, espumosa y verdosa en la tricomoniasis, o grisácea con olor fishoso en la vaginosis bacteriana—, dispareunia, ardor al miccionar y eritema vulvar. En algunos casos, también se observa edema de los labios mayores y menor, así como signos de irritación en el vestíbulo vaginal.
El diagnóstico se basa en la anamnesis detallada, la exploración física y pruebas complementarias: pH vaginal (elevado en tricomoniasis y vaginosis bacteriana, normal o bajo en candidiasis), test de aminas (positivo en vaginosis), microscopía directa con hidróxido de potasio (para levaduras o tricomonas) y, cuando es necesario, cultivo o técnicas moleculares como la PCR.
El tratamiento varía según la causa. Para la candidiasis vulvovaginal aguda se recomienda fluconazol oral (150 mg en dosis única) o antifúngicos tópicos como clotrimazol o miconazol durante 1–7 días. En la tricomoniasis, el estándar es metronidazol oral (2 g en dosis única o 500 mg cada 12 horas durante 7 días); se debe tratar también a la pareja sexual y evitar el alcohol durante y hasta 72 horas después de la terapia. La vaginosis bacteriana se trata con metronidazol oral o tópico, o clindamicina vaginal, siempre considerando contraindicaciones y posibles efectos adversos.
Es fundamental descartar factores predisponentes como el uso reciente de antibióticos, anticonceptivos hormonales, diabetes mal controlada o prácticas de higiene íntima inadecuadas. Además, se recomienda evitar duchas vaginales, productos perfumados y ropa interior sintética, favoreciendo el uso de algodón y la higiene con agua y jabón neutro. El seguimiento clínico es clave para confirmar la resolución del cuadro y prevenir recurrencias.