Problemas con la maniobra de reposición del otocono
El vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB), comúnmente conocido como «vértigo por otolitos» o «vértigo por cálculos otolíticos», es el trastorno vestibular más frecuente en la práctica clínica.
El vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB), comúnmente conocido como «vértigo por otolitos» o «vértigo por cálculos otolíticos», es el trastorno vestibular más frecuente en la práctica clínica. Se caracteriza por episodios breves, intensos y recurrentes de vértigo desencadenados por cambios específicos de la posición cefálica —como inclinar la cabeza hacia atrás, girarla al acostarse o levantarse de la cama— y asociados a nistagmo paroxístico y positivo en las maniobras diagnósticas.
La patogénesis se relaciona con la migración anómala de cristales de carbonato cálcico (otolitos) desde el maculo utricular hacia uno o varios conductos semicirculares, principalmente el posterior. Estos depósitos ectópicos alteran la biomecánica del líquido endolinfático, generando señales vestibulares incoherentes que el sistema nervioso central interpreta como movimiento rotatorio, aun cuando el cuerpo esté inmóvil.
El tratamiento de primera línea consiste en maniobras de reposicionamiento canalicular, como la maniobra de Epley o la maniobra de Semont, que buscan reubicar mecánicamente los otolitos libres hacia el útriculo, donde su efecto fisiológico es inocuo. Estas técnicas deben ser realizadas por profesionales capacitados —médicos especialistas en neurología, otorrinolaringología o rehabilitación vestibular— tras confirmar el diagnóstico mediante pruebas como la maniobra de Dix-Hallpike o la maniobra de Roll, según el conducto afectado.
Es fundamental evitar la automanipulación sin evaluación previa: una maniobra inadecuada puede desplazar los otolitos a otro conducto, complicar el cuadro clínico o inducir síntomas persistentes. Asimismo, ciertas contraindicaciones relativas —como estenosis carotídea severa, disección arterial reciente, hernia de disco cervical inestable o patología cardiovascular descompensada— requieren evaluación individualizada antes de su aplicación.
Aunque la eficacia de las maniobras es alta (entre el 70 % y el 90 % de los casos resuelven el vértigo tras una o dos sesiones), algunos pacientes presentan recurrencias, especialmente si coexisten factores predisponentes como osteoporosis, hipovitaminosis D, traumatismos craneales previos o enfermedades autoinmunes. En estos escenarios, se recomienda seguimiento multidisciplinar y, en casos refractarios, considerar estudios complementarios como resonancia magnética vestibular o pruebas funcionales del sistema vestibular.