¿Cómo tratar eficazmente la sequedad vaginal?
La sequedad vaginal es un síntoma frecuente, especialmente durante la perimenopausia y la menopausia, aunque también puede aparecer en etapas reproductivas por causas como el estrés crónico, la lactan
La sequedad vaginal es un síntoma frecuente, especialmente durante la perimenopausia y la menopausia, aunque también puede aparecer en etapas reproductivas por causas como el estrés crónico, la lactancia, ciertos medicamentos (como antihistamínicos o antidepresivos), tratamientos oncológicos o trastornos autoinmunes como el síndrome de Sjögren. Se caracteriza por una disminución de la lubricación natural, acompañada a menudo de picor, ardor, sensación de tirantez, dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales) e incluso microfisuras que predisponen a infecciones urinarias o vaginales recurrentes.
El abordaje terapéutico debe ser personalizado y basado en la causa subyacente. En mujeres posmenopáusicas, la atrofia genitourinaria —consecuencia del déficit estrogénico— constituye la causa más común. En estos casos, las terapias locales con estrógenos tópicos (cremas, óvulos o anillos vaginales) son el estándar de oro, ya que restauran la integridad del epitelio vaginal, mejoran la vascularización y normalizan el pH y la microbiota. Para pacientes con contraindicaciones al estrógeno, existen alternativas eficaces como el prasterona (dehidroepiandrosterona vaginal) o el ospemifeno, un modulador selectivo de los receptores estrogénicos con acción tisular específica.
En mujeres premenopáusicas, es fundamental descartar factores desencadenantes reversibles: ajustar medicación, optimizar la hidratación sistémica, corregir deficiencias nutricionales (como vitamina D o ácidos grasos omega-3), y valorar alteraciones hormonales sutiles (por ejemplo, hiperprolactinemia o disfunción tiroidea). Los lubricantes a base de agua o silicona sin fragancias ni conservantes irritantes son útiles como soporte sintomático, mientras que los humectantes vaginales de liberación prolongada (como los que contienen ácido hialurónico o glicerol) ayudan a restaurar la hidratación tisular entre episodios sexuales.
Es crucial destacar que la sequedad vaginal no es un mero “inconveniente” ni un signo inevitable del envejecimiento: representa una condición médica tratable con impacto directo en la calidad de vida, la salud sexual y la integridad del tracto genitourinario. Su evaluación debe incluir una historia clínica detallada, exploración física y, cuando corresponda, pruebas complementarias (como pH vaginal, citología o análisis hormonal). El tratamiento temprano previene complicaciones como la vaginosis bacteriana recurrente, cistitis poscoital o deterioro de la relación de pareja.