¿Cómo se corrige la nariz en joroba?
La giba nasal, también conocida como «nariz en joroba», es una alteración anatómica caracterizada por una prominencia ósea y/o cartilaginosa en el dorso nasal, que genera una apariencia convexa o abul
La giba nasal, también conocida como «nariz en joroba», es una alteración anatómica caracterizada por una prominencia ósea y/o cartilaginosa en el dorso nasal, que genera una apariencia convexa o abultada en la línea media del puente nasal. Esta condición puede tener origen congénito, ser consecuencia de traumatismos previos o desarrollarse progresivamente con la edad debido a cambios estructurales en los tejidos de soporte.
La corrección quirúrgica de la giba nasal se realiza mediante rinoplastia, un procedimiento altamente personalizado que requiere evaluación exhaustiva del patrón anatómico del paciente: incluyendo la proporción entre los segmentos óseo y cartilaginoso del dorso, la integridad de la lámina perpendicular del etmoides, la función respiratoria y las características estéticas faciales. En la mayoría de los casos, se elimina la sobreelevación mediante limado óseo controlado y/o resección cartilaginosa precisa, seguida de una remodelación cuidadosa para evitar deformidades secundarias como la «nariz en silla de montar» (saddle nose) o asimetrías.
En algunos pacientes —especialmente aquellos con dorso nasal bajo tras la reducción de la giba— se recomienda la colocación de injertos autólogos (generalmente de cartílago septal, auricular o costal) para restaurar la proyección y el soporte estructural. La técnica abierta o cerrada se selecciona según la complejidad del caso y las preferencias del cirujano; ambas ofrecen resultados reproducibles cuando son aplicadas por especialistas en cirugía plástica facial con experiencia en rinología funcional y estética.
Es fundamental destacar que la intervención no debe considerarse únicamente desde una perspectiva estética: una giba pronunciada puede asociarse a obstrucción nasal dinámica, alteraciones del flujo aéreo o incluso cefaleas tensionales secundarias a la sobrecarga biomecánica del aparato respiratorio superior. Por ello, la valoración preoperatoria siempre debe incluir una endoscopia nasal y, si corresponde, pruebas de función respiratoria para garantizar una planificación integral y segura.