Cuidados recomendados en la parálisis del nervio laríngeo recurrente
La parálisis del nervio laríngeo recurrente es una condición neurológica que afecta la función de las cuerdas vocales, provocando alteraciones en la voz, dificultad para deglutir y, en casos graves, r
La parálisis del nervio laríngeo recurrente es una condición neurológica que afecta la función de las cuerdas vocales, provocando alteraciones en la voz, dificultad para deglutir y, en casos graves, riesgo de aspiración. Este nervio, ramificación del nervio vago, inerva los músculos intrínsecos de la laringe —salvo el cricotiroideo— y su lesión unilateral o bilateral puede derivar de causas diversas: cirugías cervicales o torácicas (especialmente tiroidectomías y procedimientos cardiovasculares), tumores mediastínicos o tiroideos, procesos inflamatorios como la sarcoidosis, infecciones virales o traumatismos.
El manejo depende fundamentalmente de la causa subyacente, la gravedad y la evolución temporal. En lesiones agudas y potencialmente reversibles —como aquellas secundarias a cirugía o inflamación— se recomienda observación cuidadosa durante 6 a 12 meses, ya que hasta un 50 % de los casos recuperan funcionalidad espontáneamente. Durante este período, la terapia logopédica especializada en voz y deglución resulta esencial: incluye ejercicios de respiración controlada, técnicas de compensación fonatoria y estrategias para mejorar la seguridad deglutoria, reduciendo así el riesgo de neumonía por aspiración.
Cuando la parálisis persiste más allá de un año sin mejoría significativa, se deben considerar intervenciones quirúrgicas. Las opciones varían según el patrón de afectación: en la parálisis unilateral, procedimientos como la medialización laríngea (mediante inyección de sustancias voluminizadoras o implantes permanentes) o la aducción cordal mediante tiroplastia tipo Isshiki pueden restaurar el cierre glótico y mejorar la fonación y la protección respiratoria. En casos bilaterales, donde predomina la obstrucción de la vía aérea, se prioriza la descompresión laríngea —por ejemplo, mediante cordectomía parcial o lateralización cordal— antes que la rehabilitación vocal.
Es crucial realizar una evaluación multidisciplinar inicial: laringoscopia flexible para valorar la movilidad cordal, estudios de imagen (TC o RMN) para descartar lesiones estructurales y, si corresponde, pruebas neurofisiológicas como la electromiografía laríngea. El seguimiento debe incluir controles periódicos de función vocal y respiratoria, así como vigilancia nutricional y respiratoria, especialmente en pacientes mayores o con comorbilidades. La educación del paciente sobre signos de alarma —como disnea progresiva, tos persistente tras ingestión o pérdida súbita de la voz— es parte integral del plan de cuidados.