¿El agrandamiento de la próstata puede seguir creciendo?
El agrandamiento prostático, conocido médicamente como hiperplasia prostática benigna (HPB), es una condición muy frecuente en hombres mayores de 50 años. No se trata de un proceso estático: la prósta
El agrandamiento prostático, conocido médicamente como hiperplasia prostática benigna (HPB), es una condición muy frecuente en hombres mayores de 50 años. No se trata de un proceso estático: la próstata puede seguir aumentando de tamaño con el paso del tiempo, aunque la velocidad y magnitud de ese crecimiento varían considerablemente entre individuos.
Estudios longitudinales han demostrado que, en promedio, el volumen prostático aumenta entre un 1 % y un 2 % anual en hombres con HPB diagnosticada. Sin embargo, este incremento no es lineal ni uniforme: algunos pacientes experimentan períodos de estabilidad prolongada, mientras que otros presentan fases de crecimiento más acelerado, especialmente durante la sexta y séptima décadas de vida.
Es fundamental distinguir la HPB de otros procesos prostáticos: a diferencia del cáncer de próstata —que implica proliferación celular descontrolada y potencialmente invasiva—, la HPB es una hiperplasia verdadera, es decir, un aumento regulado del número de células glandulares y estromales bajo influencia hormonal, principalmente de la dihidrotestosterona (DHT).
La evolución clínica no depende únicamente del tamaño absoluto de la glándula. Algunos hombres con próstatas moderadamente agrandadas desarrollan síntomas urinarios obstructivos significativos, mientras que otros con volúmenes prostáticos superiores a 100 mL pueden permanecer asintomáticos. Esto subraya que factores como la localización del crecimiento, la rigidez del estroma y la sensibilidad del músculo detrusor también juegan un papel determinante en la expresión sintomática.
El seguimiento periódico mediante tacto rectal, ecografía transrectal y medición del antígeno prostático específico (APE) es clave para evaluar la progresión. Si bien la HPB no degenera en cáncer, su evolución puede requerir intervención médica o quirúrgica cuando los síntomas afectan la calidad de vida, aparecen complicaciones como retención urinaria aguda, litiasis vesical o daño renal secundario.