¿Es siempre necesario extraer las muelas del juicio?
La extracción de las muelas del juicio —también conocidas como terceros molares— es una de las intervenciones quirúrgicas odontológicas más frecuentes. Sin embargo, no todas las personas necesitan ret
La extracción de las muelas del juicio —también conocidas como terceros molares— es una de las intervenciones quirúrgicas odontológicas más frecuentes. Sin embargo, no todas las personas necesitan retirarlas. La decisión debe basarse en una evaluación clínica individualizada, que incluya exploración oral, radiografías panorámicas y, en algunos casos, tomografías computarizadas de haz cónico (TCFC), para valorar la posición, el grado de erupción, la relación con estructuras vecinas —como el nervio alveolar inferior o el seno maxilar— y la presencia de patología asociada.
Existen indicaciones claras para la extracción: infecciones recurrentes (pericoronaritis), caries extensas que comprometen la pieza o el diente adyacente, reabsorción radicular del segundo molar, quistes o tumores asociados, y malposición que dificulte la higiene oral o cause traumatismos en la mucosa. Asimismo, se recomienda su remoción cuando interfieren con tratamientos ortodóncicos o protésicos planificados.
Por otro lado, las muelas del juicio pueden conservarse si están completamente incluidas sin síntomas, bien posicionadas, funcionalmente útiles y fácilmente accesibles para la limpieza. En estos casos, el seguimiento periódico —con revisiones clínicas y radiográficas cada 12 a 24 meses— permite detectar precozmente cualquier cambio que justifique una intervención futura.
Es fundamental destacar que la extracción profiláctica —es decir, sin evidencia clínica ni radiológica de patología— no está respaldada por evidencia científica sólida. Las guías internacionales actuales, como las de la Sociedad Americana de Cirugía Oral y Maxilofacial (AAOMS) y la European Association of Oral and Maxillofacial Surgeons (EACMFS), desaconsejan la extracción sistemática en ausencia de signos o síntomas, debido al riesgo inherente de complicaciones —como parestesia transitoria o persistente, infección posoperatoria o trastornos de la articulación temporomandibular— sin beneficio clínico comprobado.
En resumen, la decisión sobre la extracción de las muelas del juicio debe ser compartida entre el paciente y el especialista —preferiblemente un cirujano oral y maxilofacial o un odontólogo con experiencia en cirugía menor—, fundamentada en criterios objetivos y centrada en la salud bucal integral, no en la simple presencia anatómica de estas piezas dentarias.