¿Se puede seguir amamantando si se tiene mastitis y fiebre?
La mastitis es una inflamación del tejido mamario que, con frecuencia, afecta a mujeres en período de lactancia. Se caracteriza por dolor localizado, enrojecimiento, calor y edema en la mama afectada,
La mastitis es una inflamación del tejido mamario que, con frecuencia, afecta a mujeres en período de lactancia. Se caracteriza por dolor localizado, enrojecimiento, calor y edema en la mama afectada, y puede acompañarse de fiebre, malestar general y escalofríos. A pesar de estos síntomas, la evidencia médica actual respalda firmemente la continuidad de la lactancia materna durante un episodio agudo de mastitis.
Amamantar no solo es seguro para el bebé —el microorganismo causante (habitualmente Staphylococcus aureus u otros patógenos cutáneos) no se transmite de forma significativa a través de la leche—, sino que resulta terapéuticamente beneficioso. La succión eficaz del lactante favorece la evacuación del conducto obstruido, reduce la estasis láctea y contribuye a la resolución del proceso inflamatorio. Interrumpir la lactancia en el seno afectado puede empeorar la obstrucción y favorecer la progresión hacia un absceso.
El manejo integral incluye: descanso adecuado, hidratación suficiente, aplicación de calor local antes de las tomas y masaje suave dirigido hacia el pezón. En casos moderados a graves, se recomienda tratamiento antibiótico empírico con fármacos compatibles con la lactancia, como cefalexina o dicloxacilina, bajo supervisión médica. Es fundamental completar el esquema terapéutico, incluso si los síntomas mejoran antes de finalizarlo.
Si aparecen signos de alarma —como fiebre persistente tras 48 horas de tratamiento, aumento progresivo del dolor o fluctuación en la mama— debe valorarse la posibilidad de absceso, que requerirá drenaje quirúrgico o aspiración guiada por ecografía. En todo momento, la mujer debe ser orientada por personal sanitario especializado en lactancia para garantizar una recuperación segura y sostenida.