¿Por qué le duele el abdomen bajo a una mujer después de tener relaciones sexuales?
El dolor en la parte inferior del abdomen («barriga baja») después de tener relaciones sexuales puede tener múltiples causas, algunas benignas y otras que requieren evaluación médica. Es fundamental no asumir automáticamente una causa única, ya que la sintomatología varía según la edad, antecedentes ginecológicos, características del dolor (intensidad, duración, relación con el ciclo menstrual, irradiación) y presencia de otros síntomas asociados.
Entre las causas más frecuentes se incluyen: espasmos musculares por tensión o actividad física intensa durante el coito; irritación o microtraumatismos en la vagina, cérvix o útero, especialmente si hubo penetración profunda, falta de lubricación o técnica poco adecuada; infecciones del tracto genital inferior como vaginosis bacteriana o vulvovaginitis, o del tracto genital superior como la enfermedad inflamatoria pélvica (EIP), que suele acompañarse de fiebre, secreción anormal, dispareunia persistente y dolor bilateral; endometriosis, donde el dolor suele ser cíclico pero puede exacerbarse con la actividad sexual debido a la movilización de tejido ectópico; quistes ováricos funcionales o torsión ovárica —esta última es una urgencia ginecológica caracterizada por dolor agudo, unilateral, súbito y asociado a náuseas o vómitos—; y, en menor frecuencia, adherencias pélvicas postrasquirúrgicas, miomas subserosos o cervicales, o patología gastrointestinal o urinaria que se irradia al hipogastrio.
Es indispensable consultar con un ginecólogo si el dolor es intenso, persistente más de 24–48 horas, recurrente, asociado a sangrado vaginal fuera del periodo menstrual, fiebre, secreción fétida, disuria o alteraciones del ciclo. El diagnóstico se basa en la historia clínica detallada, exploración física (incluyendo tacto vaginal y bimanual), ecografía pélvica transvaginal y, según sospecha, pruebas complementarias como cultivos, PCR para infecciones de transmisión sexual o resonancia magnética. El tratamiento dependerá de la causa identificada y puede incluir analgésicos, antibióticos, terapia hormonal, fisioterapia pélvica o, en casos específicos, intervención quirúrgica.