¿Qué se debe hacer con los niños traviesos y muy activos?
Es completamente normal que los niños pequeños sean activos, curiosos y con mucha energía. Esta hiperactividad forma parte del desarrollo neurológico y motor típico de la primera infancia, especialmente entre los 2 y los 6 años. Lo importante no es «calmarlos» artificialmente, sino ofrecerles canales adecuados para expresar esa energía: actividades físicas regulares (como juegos al aire libre, natación o danza), rutinas predecibles con horarios claros para comer, dormir y jugar, y espacios seguros donde puedan explorar con supervisión.
No debe confundirse la actividad normal con trastornos como el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), cuyo diagnóstico requiere una evaluación exhaustiva por parte de un pediatra, neurólogo infantil o psiquiatra infantil. El TDAH implica síntomas persistentes —como dificultad sostenida para mantener la atención, impulsividad excesiva o hiperactividad inapropiada para la edad— que interfieren significativamente en el entorno escolar, familiar o social, y que deben observarse en al menos dos contextos distintos (por ejemplo, en casa y en la escuela) durante más de seis meses.
Antes de considerar cualquier intervención médica o conductual, es fundamental descartar causas reversibles: déficits nutricionales (como anemia ferropénica), alteraciones del sueño (por apnea, ritmos irregulares o privación crónica), problemas auditivos o visuales no diagnosticados, o estrés ambiental (cambios familiares, presión académica temprana o exposición excesiva a pantallas). Un abordaje integral, centrado en el niño y su entorno, siempre resulta más efectivo y seguro que las soluciones rápidas o estigmatizantes.