¿Cómo se debe tratar una menstruación que dura diez días sin detenerse?
La menstruación que persiste más de 10 días sin detenerse —también denominada menorragia prolongada o metrorragia crónica, según su patrón— constituye una alteración del ciclo menstrual que requiere evaluación médica integral. No se considera fisiológica y puede asociarse a causas benignas, como trastornos hormonales (por ejemplo, anovulación, síndrome de ovario poliquístico o hipotiroidismo), pólipos endometriales, miomas submucosos, endometritis crónica o uso reciente de anticonceptivos hormonales (especialmente dispositivos intrauterinos con levonorgestrel). También debe descartarse patología grave, como hiperplasia endometrial atípica o cáncer de endometrio, particularmente en mujeres mayores de 45 años, con obesidad, diabetes, historia de oligomenorrea o tratamiento con tamoxifeno.
El abordaje diagnóstico comienza con una anamnesis detallada (duración, volumen, coágulos, dolor, factores desencadenantes, antecedentes ginecológicos y sistémicos) y exploración física completa, incluyendo tacto vaginal y bimanual. Se solicitan pruebas complementarias esenciales: hemograma completo (para valorar anemia ferropénica), función tiroidea (TSH), test de embarazo (β-hCG), y ecografía transvaginal para evaluar grosor endometrial, morfología uterina y presencia de lesiones estructurales. En mujeres ≥45 años o con factores de riesgo, se recomienda biopsia endometrial o histeroscopia diagnóstica con toma de muestras dirigidas.
El tratamiento depende de la causa identificada, la edad reproductiva de la paciente, sus deseos reproductivos y la gravedad clínica. Las opciones incluyen: terapia hormonal combinada (anticonceptivos orales) para regularizar el ciclo y reducir el sangrado; progestágenos continuos (por ejemplo, acetato de medroxiprogesterona) durante 10–14 días mensuales en casos de hiperplasia simple o anovulación; ácido tranexámico vía oral para disminuir la pérdida sanguínea aguda; o intervenciones quirúrgicas como histeroscopia con resección de pólipos o miomas, ablación endometrial (en pacientes sin deseo de embarazo) o histerectomía (cuando hay patología refractaria o maligna). Es fundamental no iniciar tratamiento empírico sin diagnóstico previo, ya que podría enmascarar una condición subyacente potencialmente grave.