¿Por qué me pican las fosas nasales y estornudo?
El picor nasal seguido de estornudos es un síntoma muy frecuente que suele indicar una respuesta inmunitaria localizada en las vías respiratorias superiores. Este fenómeno ocurre principalmente cuando
El picor nasal seguido de estornudos es un síntoma muy frecuente que suele indicar una respuesta inmunitaria localizada en las vías respiratorias superiores. Este fenómeno ocurre principalmente cuando el epitelio nasal entra en contacto con alérgenos —como pólenes, ácaros del polvo, caspa de animales o esporas fúngicas— desencadenando una reacción mediada por la inmunoglobulina E (IgE). Como consecuencia, los mastocitos nasales liberan histamina y otras citocinas proinflamatorias, lo que provoca vasodilatación, aumento de la permeabilidad capilar, secreción mucosa excesiva y estimulación de las terminaciones nerviosas sensitivas responsables del picor y el reflejo del estornudo.
Otras causas no alérgicas también pueden provocar este cuadro: irritantes ambientales como humo de tabaco, cambios bruscos de temperatura o humedad, exposición a perfumes intensos o contaminantes atmosféricos; infecciones virales respiratorias agudas, especialmente en sus fases iniciales; o incluso alteraciones neurosensoriales como la rinitis inducida por noxious stimuli (rinitis no alérgica idiopática), donde no se identifica un desencadenante inmunológico claro pero persiste la hipersensibilidad neuronal.
Es fundamental diferenciar esta sintomatología de patologías más graves: si el picor y los estornudos se acompañan de fiebre, dolor facial intenso, secreción nasal purulenta unilateral o pérdida súbita del olfato, debe descartarse una sinusitis bacteriana, una lesión tumoral o una complicación neurológica. Asimismo, su aparición crónica —más de 12 semanas consecutivas— sugiere rinitis crónica, que requiere evaluación especializada con rinoscopia y, en algunos casos, pruebas cutáneas o séricas para IgE específica.
El manejo inicial incluye evitar los desencadenantes conocidos, usar lavados nasales con solución salina isotónica y, bajo criterio médico, antihistamínicos orales o tópicos, corticoides nasales inhalados o antagonistas de los receptores de leucotrienos. No obstante, cualquier síntoma persistente, recurrente o asociado a deterioro funcional —como insomnio, fatiga diurna o dificultad para concentrarse— justifica una consulta con un alergólogo o otorrinolaringólogo para diagnóstico preciso y tratamiento personalizado.