¿Por qué los niños desarrollan diabetes?
El diabetes mellitus en la infancia es una condición crónica que afecta la forma en que el cuerpo procesa la glucosa, y su aparición antes de los 18 años requiere un diagnóstico y manejo especializado
El diabetes mellitus en la infancia es una condición crónica que afecta la forma en que el cuerpo procesa la glucosa, y su aparición antes de los 18 años requiere un diagnóstico y manejo especializados. Aunque existen varios tipos, el más frecuente en niños es el diabetes tipo 1, una enfermedad autoinmune en la que el sistema inmunitario ataca y destruye las células beta del páncreas responsables de producir insulina. Como consecuencia, el organismo deja de sintetizar esta hormona esencial para el transporte de la glucosa desde la sangre hacia las células, lo que provoca hiperglucemia sostenida.
Otro tipo menos común, pero cada vez más observado en población pediátrica, es el diabetes tipo 2. A diferencia del tipo 1, no se debe a una deficiencia absoluta de insulina, sino a una resistencia periférica a su acción combinada con una secreción insuficiente por parte del páncreas. Su desarrollo está estrechamente vinculado a factores de riesgo modificables, como el sobrepeso, la obesidad, la inactividad física y antecedentes familiares de diabetes tipo 2. En los últimos años, ha aumentado su incidencia entre adolescentes, especialmente en aquellos con etnia hispana, afroamericana o indígena norteamericana.
También deben considerarse causas menos frecuentes, como formas monogénicas (por ejemplo, el MODY —diabetes madura de inicio juvenil—), alteraciones genéticas que afectan directamente la función de las células beta o la señalización de la insulina; o diabetes secundaria asociada a enfermedades sistémicas (como la fibrosis quística o la hemocromatosis), tratamientos farmacológicos (como glucocorticoides de larga duración) o disfunción pancreática congénita.
Los síntomas clásicos en niños incluyen poliuria, polidipsia, pérdida de peso inexplicable, fatiga intensa y, en casos avanzados, cetoacidosis diabética —una emergencia médica caracterizada por náuseas, vómitos, respiración profunda y alteración del estado de conciencia—. El diagnóstico se confirma mediante pruebas de glucemia en ayunas, prueba oral de tolerancia a la glucosa o medición de hemoglobina glucosilada (HbA1c), complementadas con marcadores autoinmunes (como anticuerpos anti-GAD o anti-IA2) cuando se sospecha diabetes tipo 1.
El tratamiento depende del tipo y la gravedad: el diabetes tipo 1 exige terapia insulínica exógena de por vida, junto con educación nutricional, monitoreo continuo de glucosa y ajuste dinámico de dosis. En el tipo 2, se prioriza la modificación del estilo de vida —dieta equilibrada, actividad física regular y reducción de peso—, aunque puede requerirse metformina u otros fármacos hipoglucemiantes según evolución clínica. En todos los casos, el seguimiento multidisciplinar —con endocrinólogo pediatra, nutricionista, psicólogo y educador en diabetes— resulta fundamental para prevenir complicaciones a largo plazo, como retinopatía, nefropatía o neuropatía periférica.