Qué tener en cuenta tras una cirugía de próstata
Después de una prostatectomía —ya sea radical (por cáncer) o quirúrgica para tratar la hiperplasia prostática benigna—, el seguimiento postoperatorio es fundamental para garantizar una recuperación óp
Después de una prostatectomía —ya sea radical (por cáncer) o quirúrgica para tratar la hiperplasia prostática benigna—, el seguimiento postoperatorio es fundamental para garantizar una recuperación óptima y prevenir complicaciones. Los pacientes deben prestar especial atención a varios aspectos clave.
En primer lugar, es esencial mantener una hidratación adecuada: beber entre 1,5 y 2 litros de agua al día favorece la lavado vesical y reduce el riesgo de infecciones urinarias, una de las complicaciones más frecuentes tras la cirugía. Se recomienda evitar bebidas irritantes como el café, el alcohol y las bebidas gaseosas durante las primeras 4 a 6 semanas.
La actividad física requiere modulación progresiva. Se debe evitar el levantamiento de cargas superiores a 5 kg, así como ejercicios de alto impacto o esfuerzo abdominal intenso durante al menos 6 semanas. Caminar diariamente —entre 30 y 45 minutos— está indicado para mejorar la circulación y prevenir trombosis venosa profunda.
Respecto a la función urinaria, es común experimentar incontinencia urinaria leve o estrés en las primeras semanas, especialmente al toser, reír o hacer esfuerzo. Los ejercicios del suelo pélvico (como los de Kegel), iniciados bajo supervisión fisioterápica, son fundamentales para restaurar el control esfinteriano. La mayoría de los pacientes recupera la continencia completa dentro de los 3 a 6 meses posteriores a la intervención.
Otro punto crítico es la vigilancia de signos de alarma: fiebre persistente (>38 °C), sangrado uretral abundante o coágulos, dolor lumbar intenso acompañado de escalofríos, o incapacidad para orinar tras retirar la sonda vesical. Estos síntomas requieren evaluación médica inmediata, ya que pueden indicar infección del tracto urinario superior, obstrucción uretral o complicaciones hemorrágicas.
Finalmente, se recomienda un seguimiento urológico programado: control clínico y analítico a las 4 semanas, evaluación de flujo urinario y residuo posmiccional a los 3 meses, y, en caso de prostatectomía radical por cáncer, determinación periódica del antígeno prostático específico (PSA) para monitorear la respuesta oncológica.