¿Qué causa las verrugas en el cuello?
Las verrugas cervicales son lesiones cutáneas benignas causadas por ciertos tipos del virus del papiloma humano (VPH), principalmente los genotipos 2, 4, 27 y 57. A diferencia de las verrugas genitale
Las verrugas cervicales son lesiones cutáneas benignas causadas por ciertos tipos del virus del papiloma humano (VPH), principalmente los genotipos 2, 4, 27 y 57. A diferencia de las verrugas genitales —asociadas a cepas de alto riesgo como el VPH 16 y 18—, estas variantes son de bajo riesgo y no guardan relación con el desarrollo de cáncer.
Su aparición en el cuello se debe a una combinación de factores: la infección viral se establece tras microtraumatismos en la piel —como raspaduras al afeitarse o rozaduras con collares o prendas ajustadas—, lo que permite la entrada del virus en las capas epidérmicas. Además, factores como la inmunosupresión leve, el estrés crónico, la fatiga prolongada o incluso el contacto directo con superficies contaminadas favorecen su desarrollo y proliferación.
Clínicamente, suelen presentarse como pequeñas protuberancias ásperas, de color carne o ligeramente pigmentadas, con superficie queratinizada y bordes bien definidos. Pueden ser únicas o múltiples, y en ocasiones tienden a agruparse formando patrones lineales o en racimo, especialmente en zonas sometidas a fricción constante.
Aunque son inocuas desde el punto de vista oncológico, su presencia puede generar molestias estéticas o prurito local. El diagnóstico se realiza mediante exploración dermatológica directa; en casos dudosos, se recomienda biopsia para descartar otras entidades como queratosis seborreica o nevus verrugoso. El tratamiento —indicado por razones funcionales o cosméticas— incluye crioterapia con nitrógeno líquido, aplicación tópica de ácido salicílico al 15–20 %, electrocoagulación o láser de dióxido de carbono, siempre bajo supervisión médica.
Es fundamental evitar la automedicación o la manipulación mecánica (como arrancarlas), ya que esto puede provocar infecciones secundarias, cicatrices hipertróficas o la diseminación del virus a áreas adyacentes. La prevención se basa en mantener una buena higiene cutánea, evitar traumatismos repetidos en la zona y fortalecer la respuesta inmunitaria mediante hábitos saludables.