¿Qué causa las fiebres leves ocasionales?
Una fiebre leve, definida como una elevación de la temperatura corporal entre 37,5 °C y 38,3 °C, puede aparecer de forma esporádica y sin síntomas asociados evidentes. Aunque muchas personas la atribu
Una fiebre leve, definida como una elevación de la temperatura corporal entre 37,5 °C y 38,3 °C, puede aparecer de forma esporádica y sin síntomas asociados evidentes. Aunque muchas personas la atribuyen a infecciones virales leves o al estrés, su origen requiere una evaluación clínica cuidadosa, ya que puede reflejar procesos subyacentes diversos.
Entre las causas más frecuentes se encuentran las infecciones respiratorias de curso autolimitado —como rinofaringitis o bronquiolitis—, especialmente en niños y adultos jóvenes. También son comunes las infecciones urinarias no complicadas, particularmente en mujeres, donde la fiebre puede ser el único signo inicial. En personas mayores, incluso una infección del tracto urinario o una neumonía atípica pueden manifestarse únicamente con fiebre leve y astenia, sin tos ni disuria aparente.
Otras causas relevantes incluyen procesos inflamatorios crónicos, como la artritis reumatoide o la enfermedad de Crohn, en los que la fiebre puede ser un marcador de actividad subclínica. Asimismo, ciertos fármacos —como anticolinérgicos, antidepresivos tricíclicos o algunos antibióticos— pueden inducir hipertermia por alteración del centro termorregulador hipotalámico o por efecto anticolinérgico periférico.
No debe descartarse la posibilidad de linfomas o tumores sólidos de bajo grado, en los que la fiebre intermitente (conocida como «fiebre de Pel-Ebstein» en algunos linfomas) puede preceder a otros síntomas por semanas o meses. Del mismo modo, trastornos autoinmunes sistémicos —como el lupus eritematoso sistémico— o enfermedades granulomatosas —como la sarcoidosis— pueden presentarse inicialmente con febrícula aislada.
La evaluación diagnóstica debe incluir una anamnesis detallada (duración, patrón horario, factores desencadenantes o asociados), exploración física completa y pruebas complementarias dirigidas: hemograma completo, velocidad de sedimentación globular, proteína C reactiva, análisis de orina, pruebas serológicas según sospecha clínica y, en casos persistentes, estudios por imagen. No se recomienda el uso empírico de antitérmicos sin identificar la causa subyacente, especialmente si la fiebre se repite o se acompaña de pérdida de peso, sudoración nocturna o adenopatías.