¿Qué causa la gastroenteritis aguda y cómo se trata eficazmente?
La gastroenteritis aguda es una inflamación súbita del estómago y el intestino, generalmente causada por infecciones virales, bacterianas o parasitarias. Los virus —especialmente el norovirus y el rot
La gastroenteritis aguda es una inflamación súbita del estómago y el intestino, generalmente causada por infecciones virales, bacterianas o parasitarias. Los virus —especialmente el norovirus y el rotavirus— son los agentes etiológicos más frecuentes en adultos y niños, respectivamente. Las bacterias como Salmonella, Escherichia coli patógena, Shigella y Campylobacter suelen asociarse con ingestión de alimentos o agua contaminados. En menor medida, parásitos como Giardia lamblia o Cryptosporidium también pueden desencadenar cuadros similares, especialmente en contextos de higiene deficiente o viajes a zonas endémicas.
El tratamiento se centra fundamentalmente en la reposición adecuada de líquidos y electrolitos para prevenir la deshidratación, que constituye la complicación más grave y potencialmente mortal. Se recomienda la administración oral de soluciones rehidratantes orales (SRO) formuladas según las directrices de la OMS/UNICEF, especialmente en lactantes, niños pequeños y adultos mayores. En casos leves, el consumo frecuente de líquidos claros, caldos ligeros y alimentos blandos bien tolerados —como arroz, plátano y manzana rallada— puede ser suficiente. No se recomienda el uso rutinario de antibióticos, salvo en infecciones bacterianas confirmadas con signos sistémicos graves (fiebre alta persistente, sangrado intestinal, sepsis) o en pacientes inmunocomprometidos.
El manejo sintomático debe ser cauteloso: los antieméticos como la ondansetrón pueden considerarse en niños con vómitos intensos que impiden la hidratación oral, bajo supervisión médica. Los antidiarreicos como la loperamida están contraindicados en diarrea sanguinolenta o febril, ya que podrían prolongar la infección o favorecer complicaciones como el síndrome urémico hemolítico. La prevención sigue siendo clave: lavado frecuente de manos con agua y jabón, manipulación segura de alimentos, consumo de agua potable y vacunación contra el rotavirus en lactantes forman parte de las estrategias más efectivas para reducir la incidencia.