¿Cuáles son los tratamientos disponibles para las fracturas del esternón?
Las fracturas del esternón, aunque relativamente infrecuentes, constituyen una lesión grave que suele asociarse a traumatismos torácicos de alta energía, como los producidos en accidentes de tráfico o
Las fracturas del esternón, aunque relativamente infrecuentes, constituyen una lesión grave que suele asociarse a traumatismos torácicos de alta energía, como los producidos en accidentes de tráfico o caídas desde altura. Su diagnóstico requiere una evaluación clínica rigurosa —con exploración física detallada y palpación cuidadosa— complementada con estudios por imagen, especialmente radiografías torácicas en proyecciones oblicuas y, de forma preferente, tomografía computarizada (TC) de tórax, que permite caracterizar con precisión la localización, desplazamiento, número de fragmentos y presencia de lesiones asociadas.
El tratamiento se individualiza según la gravedad de la fractura, su estabilidad mecánica y la presencia de complicaciones. En la mayoría de los casos —fracturas no desplazadas o mínimamente desplazadas sin inestabilidad torácica— se indica manejo conservador: reposo relativo, control analgésico con antiinflamatorios no esteroideos (AINE) o, si es necesario, opioides de corta duración, y fisioterapia respiratoria para prevenir atelectasias e infecciones pulmonares. Se recomienda evitar esfuerzos físicos intensos y movimientos que tensionen la pared torácica durante al menos seis a ocho semanas.
La cirugía está indicada en situaciones específicas: fracturas desplazadas con inestabilidad significativa del complejo esternocostal, luxaciones esternocostales asociadas, fracturas abiertas, o cuando existe compromiso de estructuras mediastínicas vecinas —como el corazón, grandes vasos o tráquea—. La fijación quirúrgica se realiza habitualmente mediante placas de titanio y tornillos, con abordaje transcutáneo o mediante incisión medial subxifoidea, priorizando la estabilidad biomecánica y la restauración funcional temprana. Tras la intervención, se inicia rehabilitación supervisada para recuperar la movilidad torácica y la fuerza muscular sin riesgo de re-rotura.
Es fundamental destacar que, independientemente del enfoque terapéutico, el seguimiento debe incluir evaluación multidisciplinar —neumología, cirugía torácica y rehabilitación— debido al alto riesgo de complicaciones tardías, como dolor crónico post-traumático, alteraciones de la biomecánica respiratoria o pseudoartrosis. La prognosis global es favorable en la mayoría de los pacientes tratados adecuadamente, con recuperación funcional completa en el 80–90 % de los casos dentro de los tres a seis meses.