¿Compresas calientes o frías para la congestión nasal en bebés?
Los padres suelen preguntarse qué hacer cuando su bebé presenta congestión nasal: ¿es más adecuado aplicar calor o frío? La evidencia médica actual indica claramente que la compresa tibia —no caliente
Los padres suelen preguntarse qué hacer cuando su bebé presenta congestión nasal: ¿es más adecuado aplicar calor o frío? La evidencia médica actual indica claramente que la compresa tibia —no caliente— es la opción segura y efectiva. El calor suave ayuda a dilatar los vasos sanguíneos de la mucosa nasal, favoreciendo la fluidez de las secreciones y aliviando la obstrucción. En cambio, el frío puede provocar vasoconstricción, lo que agrava la congestión y dificulta aún más la respiración.
Es fundamental evitar temperaturas extremas: nunca se debe usar agua hirviendo, bolsas de calor eléctricas o compresas demasiado calientes, ya que la piel del lactante es extremadamente delicada y susceptible a quemaduras. Lo recomendable es humedecer una gasa estéril o un paño limpio con agua tibia (alrededor de 37 °C), escurrirla bien y aplicarla suavemente sobre el puente nasal durante 2–3 minutos, repetir según sea necesario y siempre bajo supervisión directa.
Además del calor localizado, otras medidas complementarias respaldadas por la pediatría incluyen la instilación de solución salina fisiológica nasal para hidratar las vías respiratorias y facilitar la eliminación mecánica de moco con un aspirador nasal de pera. Mantener una humedad ambiental adecuada (entre 40 % y 60 %) y elevar ligeramente la cabecera de la cuna también contribuyen significativamente al alivio sintomático.
Si la congestión persiste más de 10 días, se acompaña de fiebre superior a 38 °C, dificultad respiratoria evidente, rechazo alimentario o signos de deshidratación, es indispensable consultar de inmediato al pediatra, ya que podría indicar una infección bacteriana secundaria u otra condición que requiera evaluación clínica específica.