¿Por qué persiste la sensación de pesadez y distensión abdominal baja tras la litotricia?
Después de una litotricia extracorpórea por ondas de choque (LEOC), es relativamente frecuente que los pacientes experimenten una sensación de pesadez, distensión o molestia sorda en la región inferio
Después de una litotricia extracorpórea por ondas de choque (LEOC), es relativamente frecuente que los pacientes experimenten una sensación de pesadez, distensión o molestia sorda en la región inferior del abdomen. Este síntoma, conocido clínicamente como «sensación de plenitud pélvica» o «distensión suprapúbica», suele ser transitorio y está relacionado con varios mecanismos fisiopatológicos bien documentados.
En primer lugar, los fragmentos renales o ureterales generados durante el procedimiento deben descender a través de las vías urinarias hasta la vejiga y ser expulsados con la micción. Durante su paso, especialmente si son de tamaño intermedio (entre 2 y 4 mm), pueden causar una obstrucción parcial o irritación mecánica de la mucosa ureteral y vesical, lo que desencadena una respuesta inflamatoria local y una contracción refleja del músculo detrusor. Esto se traduce en sensación de presión baja abdominal, urgencia miccional o leve disuria.
Otro factor clave es la formación de hematúria microscópica o macroscópica tras la LEOC: las ondas de choque inducen microtraumatismos vasculares en el parénquima renal y en las estructuras perirrenales, lo que puede provocar edema perinefrítico leve o hematomas subcapsulares pequeños. Este proceso inflamatorio local puede irradiar sensación de tensión o tirantez en la fosa ilíaca o región suprapúbica, especialmente al permanecer de pie o realizar esfuerzos abdominales.
También debe considerarse la retención urinaria funcional transitoria: la combinación de dolor residual, espasmo ureteral y ansiedad postprocedimiento puede alterar la relajación del esfínter vesical externo, dificultando la micción completa y generando sensación de vaciamiento incompleto y distensión pélvica persistente.
Es fundamental diferenciar esta sintomatología benigna y autolimitada —que generalmente mejora en 3 a 7 días con hidratación abundante, analgesia antiinflamatoria no esteroidea y reposo moderado— de señales de alarma como fiebre >38,5 °C, dolor lumbar intenso unilateral, anuria o hematuria franca persistente más allá de 48 horas, ya que podrían indicar complicaciones graves como obstrucción completa del uréter, infección urinaria ascendente o síndrome de embolización renal.
Los pacientes deben ser instruidos para monitorear su diuresis, mantener una ingesta hídrica superior a 2 L/día y acudir de inmediato a valoración médica si aparecen signos sistémicos o alteraciones en el patrón miccional. Un seguimiento ecográfico o urográfico a los 10–14 días permite confirmar la expulsión completa de los fragmentos y descartar residuos litíasicos o dilatación de las vías urinarias superiores.