¿La presión arterial de 140/90 mmHg se considera hipertensión?
Una lectura de presión arterial de 140/90 mmHg se clasifica como hipertensión arterial en adultos, según las guías clínicas más recientes de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) y la Sociedad Euro
Una lectura de presión arterial de 140/90 mmHg se clasifica como hipertensión arterial en adultos, según las guías clínicas más recientes de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) y la Sociedad Europea de Hipertensión (ESH), así como de la American College of Cardiology (ACC) y la American Heart Association (AHA).
En esta cifra, el valor superior —140 mmHg— corresponde a la presión sistólica, es decir, la presión ejercida por la sangre sobre las arterias durante la contracción ventricular. El valor inferior —90 mmHg— representa la presión diastólica, que corresponde a la presión existente entre latidos, cuando el corazón está en reposo.
Según los criterios vigentes, se considera hipertensión arterial estadio 1 cuando la presión sistólica es ≥140 mmHg y/o la presión diastólica es ≥90 mmHg, siempre que estos valores se confirmen en al menos dos mediciones realizadas en distintas consultas médicas, bajo condiciones adecuadas: reposo previo de cinco minutos, posición sentada con espalda apoyada y pies en el suelo, y sin ingesta reciente de cafeína o tabaco.
No obstante, una sola lectura aislada no basta para establecer el diagnóstico. Se recomienda realizar una evaluación complementaria que incluya la monitorización ambulatoria de la presión arterial (MAPA) o la automedición domiciliaria, especialmente si existe sospecha de hipertensión de bata blanca o hipertensión enmascarada.
El diagnóstico de hipertensión implica un riesgo cardiovascular incrementado y requiere una valoración integral del paciente: antecedentes familiares, factores de riesgo asociados (como diabetes, dislipemia, tabaquismo o obesidad), daño a órganos diana (por ejemplo, hipertrofia ventricular izquierda, retinopatía o alteraciones renales) y estilo de vida.
El manejo inicial suele centrarse en modificaciones no farmacológicas: reducción de sodio (<2 g/día), dieta rica en frutas, verduras y lácteos bajos en grasa (como la dieta DASH), actividad física moderada ≥150 minutos/semana, control del peso y limitación del consumo de alcohol. En caso de persistencia de cifras elevadas o presencia de alto riesgo cardiovascular, se indica tratamiento farmacológico individualizado.