¿Qué hacer cuando un recién nacido de un mes tiene secreciones nasales?
Es muy común observar secreciones nasales espesas o costras de moco —conocidas coloquialmente como «mocos secos»— en recién nacidos y lactantes menores de un mes. Estas formaciones no son patológicas
Es muy común observar secreciones nasales espesas o costras de moco —conocidas coloquialmente como «mocos secos»— en recién nacidos y lactantes menores de un mes. Estas formaciones no son patológicas por sí mismas, sino una consecuencia fisiológica del desarrollo inmaduro del sistema respiratorio y la baja producción de secreciones mucosas en los primeros días de vida.
Los bebés de este grupo etario respiran predominantemente por la nariz y aún no han desarrollado la capacidad de sonarse ni de expulsar eficazmente las secreciones. Además, su cavidad nasal es estrecha y sensible, lo que favorece la acumulación de moco que, al deshidratarse, forma costras blandas o duras, especialmente en ambientes con baja humedad ambiental o tras exposición a corrientes de aire frío.
No se recomienda la extracción mecánica con hisopos, pinzas ni dedos, ya que existe riesgo de lesión de la mucosa nasal, sangrado, infección secundaria o incluso aspiración accidental. Tampoco deben usarse descongestionantes nasales de venta libre, pues carecen de evidencia de seguridad y eficacia en menores de un mes y pueden provocar efectos adversos graves, como alteraciones del ritmo cardíaco o depresión respiratoria.
La medida más segura y efectiva es la hidratación local mediante gotas nasales de solución salina fisiológica estéril (0,9 % NaCl), aplicadas con cuentagotas limpio: dos gotas en cada fosa nasal, 10–15 minutos antes de las tomas o de dormir. Esto ablanda las costras y facilita su eliminación espontánea o mediante succión suave con un aspirador nasal de pera de silicona, siempre bajo supervisión y sin forzar.
Mantener una humedad relativa ambiental entre el 40 % y el 60 %, evitar el tabaquismo pasivo y garantizar una adecuada ventilación sin corrientes frías también contribuye significativamente a prevenir la formación excesiva de secreciones nasales. Si el bebé presenta dificultad respiratoria persistente, cianosis, rechazo alimentario, fiebre o secreción nasal purulenta bilateral asociada a otros síntomas sistémicos, debe valorarse de inmediato por un pediatra para descartar infecciones virales, bacterianas o anomalías congénitas.