¿Cómo se trata la alopecia androgénica?
La alopecia androgénica, también conocida como calvicie hereditaria, es la forma más frecuente de pérdida capilar en hombres y mujeres. En los varones suele manifestarse con retroceso de la línea fron
La alopecia androgénica, también conocida como calvicie hereditaria, es la forma más frecuente de pérdida capilar en hombres y mujeres. En los varones suele manifestarse con retroceso de la línea frontal y adelgazamiento en la coronilla, mientras que en las mujeres se caracteriza por un adelgazamiento difuso del cuero cabelludo, especialmente en la zona central, sin afectación significativa de la línea frontal.
El tratamiento debe individualizarse según el sexo, la gravedad, la edad, la velocidad de progresión y las preferencias del paciente. Las opciones terapéuticas con evidencia científica sólida incluyen el minoxidil tópico —aprobado para ambos sexos—, que estimula el ciclo folicular y prolonga la fase anágena, y la finasterida oral, indicada exclusivamente en hombres, que inhibe la 5-alfa reductasa tipo II y reduce la conversión de testosterona en dihidrotestosterona (DHT), la hormona clave en la miniaturización folicular.
En mujeres en edad fértil, la espironolactona puede considerarse como alternativa antiandrógena bajo estricto control ginecológico, debido a su potencial teratogenicidad. Asimismo, la dutasterida —inhibidora de ambas isoformas de la 5-alfa reductasa— se utiliza en casos refractarios bajo supervisión especializada, aunque no cuenta con autorización regulatoria específica para esta indicación en muchos países de habla hispana.
Los tratamientos complementarios, como la terapia con láser de baja intensidad o los trasplantes capilares, pueden integrarse en planes multimodales cuando hay respuesta insuficiente a la farmacoterapia. Es fundamental destacar que la eficacia terapéutica depende de la instauración temprana y la adherencia continuada: la interrupción del tratamiento generalmente conlleva la reversión de los beneficios obtenidos en los 3 a 6 meses siguientes.
Finalmente, una evaluación dermatológica completa es indispensable para descartar otras causas de caída capilar —como alteraciones tiroideas, déficits nutricionales o alopecias inflamatorias— y garantizar un abordaje diagnóstico y terapéutico riguroso y personalizado.