¿Pueden los hombres padecer uretritis?
La uretritis, una inflamación de la uretra, no es exclusiva de las mujeres: también afecta a los hombres, aunque con características clínicas y causales distintas. En varones, esta condición suele man
La uretritis, una inflamación de la uretra, no es exclusiva de las mujeres: también afecta a los hombres, aunque con características clínicas y causales distintas. En varones, esta condición suele manifestarse con disuria (dolor o ardor al orinar), secreción uretral —que puede ser purulenta, mucosa o serosa—, prurito uretral y, en algunos casos, sensación de urgencia miccional o molestias en el meato urinario.
Las causas infecciosas son las más frecuentes. Entre ellas destacan Chlamydia trachomatis y Neisseria gonorrhoeae, responsables de la mayoría de los casos de uretritis no gonocócica y gonocócica, respectivamente. Otras bacterias implicadas incluyen Mycoplasma genitalium, Ureaplasma urealyticum y, con menor frecuencia, Trichomonas vaginalis. También pueden desencadenarla virus como el herpes simple tipo 2 (HSV-2) o el virus del papiloma humano (VPH), especialmente en contextos de inmunosupresión o tras exposición sexual de riesgo.
Es fundamental diferenciar la uretritis infecciosa de formas no infecciosas, como la uretritis química —provocada por irritantes locales (jabones, lubricantes, espermicidas)— o la uretritis traumática, asociada a cateterización, instrumentación urológica o prácticas sexuales que generen microlesiones. Además, ciertas condiciones sistémicas, como la artritis reactiva (síndrome de Reiter), pueden presentarse con uretritis estéril como parte de su tríada clásica.
El diagnóstico se basa en la anamnesis detallada, exploración física y pruebas complementarias: análisis de orina (uroanálisis), cultivo de secreción uretral, y técnicas moleculares como la PCR para detectar patógenos específicos. La evaluación debe incluir también cribado simultáneo de otras infecciones de transmisión sexual (ITS), dado el alto índice de coinfección.
El tratamiento depende del agente causal identificado. Para la uretritis gonocócica se recomienda ceftriaxona intramuscular, mientras que la no gonocócica requiere azitromicina oral o doxiciclina, con ajustes según resistencias locales y resultados microbiológicos. Es indispensable el tratamiento de las parejas sexuales y el seguimiento post-terapia para descartar reinfección o fracaso terapéutico.
La prevención pasa por el uso consistente de preservativo, la educación sexual integral y la atención temprana ante síntomas urinarios atípicos. Ignorar la uretritis masculina no solo prolonga el malestar, sino que incrementa el riesgo de complicaciones graves como epididimitis, prostatitis crónica o infertilidad.