¿Por qué las extremidades del bebé están frías?
Es bastante común observar que los extremos de un bebé (manos y pies) se sienten fríos al tacto, especialmente durante los primeros meses de vida. Esto no suele indicar una enfermedad, sino que responde a características fisiológicas propias del recién nacido y del lactante pequeño. El sistema circulatorio del bebé aún está en desarrollo: su capacidad para regular la temperatura corporal es inmadura, presenta una mayor superficie corporal en relación con su masa, y tiene una mayor pérdida de calor por las extremidades. Además, la redistribución del flujo sanguíneo prioriza órganos vitales como el cerebro, el corazón y los pulmones, lo que puede reducir temporalmente la perfusión periférica.
Otros factores que contribuyen incluyen el ambiente (temperaturas ambientales bajas o corrientes de aire), el tipo de ropa (insuficiente o húmeda), o incluso el estado de alerta: cuando el bebé está tranquilo o durmiendo, la vasodilatación periférica disminuye y las extremidades pueden enfriarse más fácilmente. También es importante descartar causas menos frecuentes pero relevantes, como hipotermia leve, deshidratación, infecciones subyacentes (particularmente si hay otros síntomas como letargia, mala succión, fiebre o palidez), o alteraciones cardiovasculares congénitas —aunque estas suelen asociarse a signos adicionales como cianosis, taquipnea o soplos cardíacos.
Como medida práctica, se recomienda verificar la temperatura central del bebé (por ejemplo, en la axila, que debe estar entre 36,5 °C y 37,5 °C), asegurar una vestimenta adecuada y ajustada al ambiente, evitar sobrecalentamiento y observar la coloración y la turgencia de la piel. Si las extremidades están frías y pálidas o azuladas (cianóticas), si el bebé muestra irritabilidad persistente, rechazo alimentario, respiración rápida o dificultosa, o si la temperatura axilar es inferior a 36 °C o superior a 38 °C, debe buscarse evaluación médica inmediata.