¿Por qué no aumenta de peso mi hijo?
El estancamiento en el aumento de peso en los niños es una causa frecuente de consulta pediátrica y puede obedecer a múltiples factores, desde alteraciones nutricionales hasta condiciones médicas suby
El estancamiento en el aumento de peso en los niños es una causa frecuente de consulta pediátrica y puede obedecer a múltiples factores, desde alteraciones nutricionales hasta condiciones médicas subyacentes. No siempre indica una patología grave, pero sí requiere una evaluación sistemática para descartar causas potencialmente significativas.
Entre las causas más comunes se incluyen una ingesta calórica insuficiente —ya sea por dificultades en la alimentación, rechazo selectivo de alimentos, problemas de succión o deglución, o errores en la preparación de fórmulas lácteas—; malabsorción intestinal secundaria a enfermedades como la enfermedad celíaca, la fibrosis quística o infecciones crónicas del tracto gastrointestinal; y trastornos endocrinos, como el hipotiroidismo congénito o deficiencias de hormona del crecimiento.
También deben considerarse factores psicosociales, como la desnutrición por privación afectiva o negligencia ambiental, así como condiciones genéticas o sindrómicas que afectan el metabolismo o el patrón de crecimiento, como el síndrome de Prader-Willi o el síndrome de Turner. En lactantes menores de 6 meses, es fundamental descartar cardiopatías congénitas con sobrecarga ventricular izquierda, que pueden incrementar el gasto energético y limitar la ganancia ponderal.
La evaluación clínica debe incluir una historia detallada (patrón de alimentación, frecuencia y características de las deposiciones, presencia de vómitos, sudoración excesiva, fatigabilidad o dificultad respiratoria), un examen físico completo —con énfasis en signos de desnutrición, dismorfias, tono muscular y desarrollo neuropsicomotor— y estudios complementarios dirigidos según sospecha diagnóstica: perfil bioquímico, pruebas tiroideas, marcadores de inflamación, estudios genéticos o pruebas funcionales digestivas, entre otros.
Un seguimiento antropométrico riguroso —peso, talla y perímetro cefálico trazados en percentiles adecuados a la edad y sexo— es esencial para distinguir entre un retraso del crecimiento transitorio y un trastorno crónico. La intervención temprana, multidisciplinar y personalizada mejora significativamente el pronóstico y previene complicaciones a largo plazo, como déficit cognitivo o alteraciones del desarrollo puberal.