¿En qué mes del embarazo comienza a detectarse el latido fetal?
El latido cardíaco fetal, también conocido como «latido del corazón del bebé», es uno de los primeros signos objetivos de una gestación viable y representa un hito fundamental en el desarrollo embrion
El latido cardíaco fetal, también conocido como «latido del corazón del bebé», es uno de los primeros signos objetivos de una gestación viable y representa un hito fundamental en el desarrollo embrionario. Durante las primeras semanas de embarazo, el corazón del embrión comienza a formarse a partir del mesodermo y, hacia la quinta semana de gestación (contada desde la última menstruación), se inicia su actividad eléctrica y mecánica.
En la mayoría de los casos, el latido cardíaco fetal puede detectarse mediante ecografía transvaginal entre la semana 5 y la semana 6 de gestación. En este momento, el embrión mide aproximadamente 2 a 4 mm y presenta una estructura cardíaca primitiva que late a una frecuencia de 80 a 100 latidos por minuto. A partir de la semana 7, el ritmo cardíaco aumenta progresivamente hasta alcanzar entre 120 y 160 lpm hacia la semana 9–10, lo cual refleja la maduración del sistema nervioso autónomo y la conducción eléctrica cardiaca.
Es importante destacar que la detección temprana del latido depende de varios factores: la precisión en la fecha de la última regla, la posición uterina, el índice de masa corporal materna y la calidad del equipo ecográfico. En algunas situaciones —como embarazos anembrionados o retrasos en la implantación— el latido puede no observarse hasta la semana 7 u 8, sin necesariamente indicar una alteración patológica. Por ello, ante la ausencia de actividad cardíaca en una ecografía temprana, se recomienda repetir el estudio tras 7–10 días para una evaluación más concluyente.
La ausencia persistente del latido cardíaco fetal tras la semana 7 con un saco gestacional adecuado y un embrión de más de 7 mm constituye un criterio diagnóstico de aborto espontáneo anembrionario o fallido, según las guías internacionales de obstetricia. Por tanto, su identificación no solo ofrece tranquilidad clínica, sino que también orienta decisiones terapéuticas oportunas y personalizadas.