¿Qué suplementos nutricionales necesita realmente quien hace ejercicio?
La práctica regular de ejercicio físico, especialmente cuando se orienta a mejorar la fuerza, la resistencia o la composición corporal, incrementa significativamente las demandas nutricionales del org
La práctica regular de ejercicio físico, especialmente cuando se orienta a mejorar la fuerza, la resistencia o la composición corporal, incrementa significativamente las demandas nutricionales del organismo. Sin embargo, no todos los suplementos son necesarios ni están respaldados por evidencia científica sólida. La base fundamental sigue siendo una alimentación equilibrada, variada y adaptada a las necesidades individuales: edad, sexo, tipo de actividad, intensidad, frecuencia y objetivos personales.
Entre los suplementos con mayor respaldo clínico destacan la proteína en polvo —particularmente suero de leche (whey) o caseína—, que puede ayudar a cubrir requerimientos aumentados de aminoácidos esenciales, favoreciendo la síntesis proteica muscular tras el entrenamiento. Su uso es más relevante cuando la ingesta dietética habitual no alcanza los 1,6–2,2 g/kg de peso corporal/día, rango recomendado para deportistas de fuerza y resistencia.
Otro suplemento ampliamente estudiado es la creatina monohidratada. Dosis diarias de 3–5 g mejoran la capacidad de regeneración de fosfocreatina en las fibras musculares tipo II, lo que potencia el rendimiento en esfuerzos de alta intensidad y corta duración, como levantamiento de pesas o sprints. Su seguridad a largo plazo ha sido confirmada en múltiples ensayos clínicos, incluso en poblaciones jóvenes y mayores.
El beta-alanina también muestra eficacia comprobada para retrasar la fatiga muscular durante ejercicios anaeróbicos prolongados (2–4 minutos), al aumentar las reservas musculares de carnosina, un tampón intracelular clave. Se recomienda una dosis acumulada de 3–6 g/día durante varias semanas para lograr saturación tisular.
En contraste, muchos productos comercializados como «quemadores de grasa», «potenciadores de testosterona» o «detox naturales» carecen de evidencia rigurosa y, en algunos casos, pueden presentar riesgos para la salud hepática, cardiovascular o endocrina. Asimismo, la suplementación con vitaminas y minerales solo está indicada ante déficits diagnosticados —por ejemplo, vitamina D en personas con escasa exposición solar o hierro en mujeres con menstruaciones abundantes—, no como medida preventiva rutinaria en sujetos sanos.
Antes de iniciar cualquier suplementación, es fundamental consultar con un médico o un nutricionista especializado en actividad física. Una evaluación personalizada permite identificar verdaderas necesidades, descartar interacciones farmacológicas y evitar gastos innecesarios o efectos adversos evitables.