¿Por qué las heces pueden tener un color verde?
El color verde en las heces es un hallazgo relativamente frecuente y, en la mayoría de los casos, no representa una condición patológica grave. Sin embargo, su aparición merece atención clínica cuando
El color verde en las heces es un hallazgo relativamente frecuente y, en la mayoría de los casos, no representa una condición patológica grave. Sin embargo, su aparición merece atención clínica cuando se acompaña de otros síntomas como diarrea persistente, dolor abdominal intenso, fiebre, pérdida de peso inexplicable o sangrado digestivo.
La pigmentación verdosa se debe principalmente a la presencia de biliverdina —un producto intermedio del metabolismo de la bilirrubina— que no ha sido completamente transformado en estercobilina (responsable del color marrón habitual de las heces). Esto ocurre típicamente cuando el tránsito intestinal es acelerado: el contenido digestivo atraviesa el colon demasiado rápido, impidiendo la conversión completa de la biliverdina y su posterior oxidación.
Otras causas comunes incluyen el consumo abundante de alimentos ricos en clorofila, como espinacas, acelgas, perejil o suplementos de espirulina; el uso de ciertos medicamentos —como antibióticos que alteran la microbiota intestinal o sales de hierro— y la ingesta de colorantes alimentarios verdes o azules. En lactantes, especialmente los alimentados con leche materna o fórmula, el color verde puede ser fisiológico y asociarse a inmadurez del sistema digestivo o a cambios en la flora intestinal.
En contextos patológicos, el color verde puede observarse en infecciones gastrointestinales bacterianas (por ejemplo, Salmonella o Campylobacter), en síndromes de malabsorción como la enfermedad celíaca no controlada, o en trastornos funcionales como el síndrome del intestino irritable con predominio de diarrea. También puede aparecer tras cirugías bariátricas o resecciones intestinales, donde se modifica la cinética digestiva y la exposición bacteriana al contenido luminal.
No se recomienda automedicarse ni descartar el hallazgo sin evaluación médica si persiste más de 48–72 horas, se repite de forma recurrente o se asocia a signos de alarma. El diagnóstico requiere anamnesis detallada, exploración física y, según el caso, pruebas complementarias como análisis coproparasitario, cultivo de heces, pruebas serológicas para enfermedad celíaca o estudios de imagen.