Varios bultos aparecen en el dorso del pie
Es bastante común que los pacientes acudan a consulta dermatológica por la aparición de pequeñas protuberancias en el dorso del pie. Estas lesiones, generalmente redondeadas, firmes y no dolorosas, su
Es bastante común que los pacientes acudan a consulta dermatológica por la aparición de pequeñas protuberancias en el dorso del pie. Estas lesiones, generalmente redondeadas, firmes y no dolorosas, suelen corresponder a quistes epidermoides o aquistes pilonidales, aunque también pueden ser lipomas, verrugas plantares atípicas o, con menor frecuencia, tumores cutáneos benignos como los fibromas o los nevus intradérmicos.
Los quistes epidermoides son los más frecuentes: se originan por la inclusión de células epidérmicas en la dermis, lo que desencadena una producción continua de queratina dentro de una cápsula fibrosa. Suelen tener un orificio central visible (comedón) y pueden presentar secreción blanquecina y espesa si se exprimen. No suelen causar síntomas, pero pueden inflamarse secundariamente tras traumatismo o infección bacteriana, generando eritema, calor, dolor y fluctuación.
Otro diagnóstico diferencial importante es la verruga plantar, especialmente cuando aparece en zonas de presión. Aunque típicamente localizada en la planta del pie, puede extenderse al dorso en casos atípicos, mostrando superficie hiperqueratósica con puntos negruzcos (trombos capilares) y pérdida del patrón dérmico normal.
Ante cualquier nódulo persistente, de crecimiento progresivo, ulcerado, sangrante o asociado a prurito intenso, es fundamental descartar procesos malignos, como el carcinoma basocelular o el melanoma amelanótico, particularmente en pacientes mayores o con historia de exposición solar crónica. El diagnóstico definitivo requiere evaluación clínica detallada, dermatoscopia y, en algunos casos, biopsia excisional para estudio histopatológico.
El manejo depende de la naturaleza de la lesión: los quistes asintomáticos no requieren tratamiento, mientras que los inflamados necesitan antibióticos sistémicos y, eventualmente, drenaje quirúrgico. Las verrugas responden a tratamientos tópicos (ácido salicílico), crioterapia o láser. La extirpación quirúrgica es la opción preferida para lesiones recurrentes o de dudosa naturaleza, garantizando tanto el diagnóstico como el tratamiento definitivo.