¿Cómo se trata la espondilosis cervical?
La espondilosis cervical, también conocida como osteofitosis cervical o «crecimiento óseo» en la columna cervical, es una condición degenerativa común asociada al envejecimiento. Se caracteriza por la
La espondilosis cervical, también conocida como osteofitosis cervical o «crecimiento óseo» en la columna cervical, es una condición degenerativa común asociada al envejecimiento. Se caracteriza por la formación de osteofitos —espolones óseos— en las vértebras cervicales, que pueden comprimir estructuras vecinas como nervios raquídeos, la médula espinal o vasos sanguíneos.
El tratamiento no se centra únicamente en eliminar los osteofitos, sino en aliviar los síntomas, prevenir la progresión y mantener la función neurológica y biomecánica del cuello. La estrategia terapéutica es siempre individualizada y depende de la gravedad clínica: desde formas asintomáticas —que no requieren intervención específica— hasta cuadros con radiculopatía cervical, mielopatía o compromiso vascular.
En la mayoría de los casos leves a moderados, el abordaje inicial es conservador: fisioterapia especializada (con ejercicios de estabilización cervical, movilización suave y reeducación postural), analgesia escalonada —como paracetamol o antiinflamatorios no esteroideos bajo supervisión médica— y, en episodios agudos con inflamación significativa, infiltraciones cervicales guiadas por ecografía o fluoroscopia con corticoides locales.
Cuando hay déficits neurológicos progresivos —como debilidad muscular distal, alteraciones sensitivas persistentes, pérdida de coordinación o disfunción vesical— o cuando los síntomas refractarios afectan gravemente la calidad de vida tras varios meses de tratamiento conservador, se evalúa la indicación quirúrgica. Las opciones incluyen descompresión anterior (por ejemplo, artrodesis cervical anterior o sustitución discal) o posterior (laminectomía o laminoplastia), seleccionadas según la localización y extensión de la compresión.
Es fundamental descartar diagnósticos diferenciales como esclerosis múltiple, neuropatías periféricas o trastornos vasculares cervicales, mediante neuroimagen (resonancia magnética cervical) y estudios electrofisiológicos cuando corresponda. El seguimiento periódico con un neurólogo o traumatólogo especializado en columna permite ajustar el plan terapéutico y detectar precozmente complicaciones potenciales.