¿El olor en las axilas siempre indica bromhidrosis?
No necesariamente. El olor axilar es un fenómeno común y fisiológico en la mayoría de las personas, especialmente tras el ejercicio o en ambientes cálidos y húmedos. Se debe principalmente a la activi
No necesariamente. El olor axilar es un fenómeno común y fisiológico en la mayoría de las personas, especialmente tras el ejercicio o en ambientes cálidos y húmedos. Se debe principalmente a la actividad de las glándulas apocrinas —que comienzan a funcionar con la pubertad— y a la descomposición bacteriana de sus secreciones por parte de la microbiota cutánea.
La bromhidrosis axilar —término médico para el olor axilar patológico— se considera clínicamente significativa cuando el olor es persistente, intenso, característico (a veces descrito como rancio, a cebolla o a queso curado) y causa malestar social o emocional al paciente. En estos casos, sí puede corresponder a lo que popularmente se denomina «olor axilar patológico» o «bromhidrosis», aunque el término coloquial «olor fétido» (o «fox odor», del inglés *fox odor*, traducido erróneamente como «olor a zorro») no es un diagnóstico médico válido ni se utiliza en la literatura científica actual.
Es fundamental distinguir entre sudoración normal y condiciones patológicas subyacentes: algunas infecciones cutáneas, trastornos metabólicos (como la trimetilaminuria), alteraciones endocrinas (hipertiroidismo) o el uso de ciertos fármacos pueden modificar el olor corporal. Asimismo, factores dietéticos —como el consumo excesivo de ajo, cebolla, especias o alcohol— también influyen temporalmente.
El diagnóstico debe basarse en la historia clínica detallada, la exploración física y, en casos seleccionados, pruebas complementarias. El tratamiento varía según la causa: desde medidas higiénicas y tópicas (antitranspirantes con cloruro de aluminio, antisépticos) hasta opciones más avanzadas como toxina botulínica, láser o cirugía selectiva de glándulas apocrinas, siempre bajo supervisión dermatológica o especializada.