¿Está la lavadora gástrica en recién nacidos relacionada con las regurgitaciones?
Es un mito común entre los padres primerizos que el lavado gástrico en recién nacidos esté relacionado con las regurgitaciones frecuentes, conocidas coloquialmente como «vómitos del bebé» o «devolució
Es un mito común entre los padres primerizos que el lavado gástrico en recién nacidos esté relacionado con las regurgitaciones frecuentes, conocidas coloquialmente como «vómitos del bebé» o «devolución de leche». En la práctica clínica neonatal, el lavado gástrico no se realiza como manejo rutinario ni como tratamiento para las regurgitaciones fisiológicas, que son normales en los primeros meses de vida.
El lavado gástrico es un procedimiento invasivo reservado exclusivamente para situaciones médicas específicas: por ejemplo, en casos de intoxicación aguda confirmada o sospechada (como ingestión accidental de sustancias tóxicas), en ciertos trastornos metabólicos hereditarios que requieren eliminación urgente de metabolitos acumulados, o como parte de protocolos diagnósticos muy especializados —como la evaluación de sangrado gastrointestinal alto cuando otros métodos no son factibles.
Las regurgitaciones en lactantes sanos son un fenómeno benigno y fisiológico, causado principalmente por la inmadurez del esfínter esofágico inferior, la posición predominantemente horizontal y la dieta líquida. Afectan hasta al 50 % de los bebés menores de tres meses y suelen resolverse espontáneamente antes del primer año de vida. Su manejo se basa en medidas no farmacológicas: alimentación fraccionada, mantención de la posición vertical postprandial y revisión técnica de la lactancia o la administración de biberón.
Realizar un lavado gástrico sin indicación médica justificada expone al recién nacido a riesgos innecesarios, como traumatismo faríngeo, aspiración, bradicardia refleja o desequilibrio electrolítico. Las guías internacionales —incluidas las de la Sociedad Española de Neonatología y la Academia Americana de Pediatría— desaconsejan rotundamente su uso profiláctico o empírico en el contexto de regurgitaciones habituales.
Si un lactante presenta regurgitaciones asociadas a signos de alarma —como pérdida de peso, rechazo alimentario, irritabilidad persistente, tos crónica, sibilancias o sangre en el vómito— debe valorarse de forma integral para descartar patologías subyacentes, como reflujo gastroesofágico patológico, alergia a proteínas de leche de vaca o malformaciones digestivas. Pero nunca como indicación para lavado gástrico.