¿Qué antibiótico de la familia de las cefalosporinas se recomienda para tratar la enteritis?
La colitis bacteriana requiere un tratamiento antibiótico específico, pero no todos los casos de inflamación intestinal justifican el uso de cefalosporinas ni de ningún otro antibiótico. Es fundamenta
La colitis bacteriana requiere un tratamiento antibiótico específico, pero no todos los casos de inflamación intestinal justifican el uso de cefalosporinas ni de ningún otro antibiótico. Es fundamental distinguir entre las causas infecciosas —como las producidas por Salmonella, Shigella, campylobacter o cepas toxigénicas de Escherichia coli— y las formas no infecciosas, como la colitis ulcerosa, la enfermedad de Crohn o la colitis por Clostridioides difficile, donde los antibióticos pueden ser ineficaces o incluso perjudiciales.
En aquellos pacientes con infección bacteriana confirmada o altamente sospechosa —por ejemplo, diarrea sanguinolenta asociada a fiebre y leucocitosis—, las cefalosporinas de tercera generación, como la ceftriaxona o la cefotaxima, pueden emplearse en entornos hospitalarios, especialmente si existe riesgo de diseminación sistémica o complicaciones. Sin embargo, su uso debe basarse en cultivos fecales, pruebas moleculares y sensibilidad antibiótica, ya que muchas cepas bacterianas gastrointestinales han desarrollado resistencia a estos fármacos.
No se recomienda el uso empírico de cefalosporinas en diarreas agudas autolimitadas, ya que favorece la selección de microorganismos multirresistentes y puede desencadenar colitis por C. difficile. Además, las cefalosporinas orales de primera y segunda generación (como la cefalexina o la cefuroxima) tienen escasa actividad contra patógenos entéricos frecuentes y no están indicadas para este tipo de infecciones.
El manejo inicial de la colitis infecciosa se centra en la rehidratación oral o intravenosa, el soporte nutricional y la suspensión de fármacos que alteren la motilidad intestinal (como los antiperistálticos). La decisión de iniciar terapia antibiótica debe tomarse siempre bajo criterio médico, tras evaluación clínica integral y estudio microbiológico adecuado.